
Hoy es un día festivo en Chile. Se conmemora el combate naval de Iquique. Esta gesta puso en la historia al capitán de fragata Arturo Prat, héroe nacional.
Ese acontecimiento fue el clímax de las desavenencias entre Perú y Chile. Para Perú ha sido, desde entonces, una deshonra el haber perdido en aquel combate su buque de guerra Huascar.
Hoy, ese barco es admirado por los turistas en el puerto chileno de Talcahuano, en la Octava Región (o Región del Bío Bío, según la nueva denominación).
El Combate Naval de Iquique es recordado con un evento ligado a la vida política nacional: la cuenta pública presidencial.
Todos los 21 de mayo el Presidente de turno usa la tribuna del Parlamento reunido en pleno para decirle al país lo que piensa hacer y lo que ha hecho. Rinde cuentas.
Para los partidos políticos el 21 de mayo es muy significativo. Para la oposición, para “medir” al Presidente y al Gobierno, y para los oficialista para defender lo actuado.
En Chile, la oposición está compuesta por dos grandes partidos. Uno es la Unión Demócrata Independiente, conocido popularmente como UDI, y Renovación Nacional es el otro.
Estos dos partidos se han aliado y forman la Alianza por Chile, llamada solamente Alianza, y es hoy la férrea oposición al gobierno de Michelle Bachelet.
Por su parte, los oficialistas están aliados también, y forman la Concertación.
En la Concertación están el Partido Socialista (PeeSe)al que pertenece la presidenta Michelle Bachelet), Partido Radial, Partido Por la Democracia (comúnmente llamado PePeDe) y Democracia Cristiana (DeCe), principalmente.
En este momento, aunque es un poco prematuro hablar de esto, son presidenciables: Ricardo Lagos del PPD, Sebastián Piñera de la Alianza, Soledad Alvear de la DC y José Miguel Insulza del PS.
También hoy, la presidenta Michelle Bachelet dijo en su cuenta pública desde el Parlamento que Chile va bien en lo económico y avanza sin tregua en lo social, la Concertación la respaldó y la Alianza dijo que todo era palabrería.
La celebración histórica, sin embargo, subyace en medio de la coyuntura, o “la contingencia”, como se dice acá.
Y la celebración es lo que narra la
Armada de Chile sobre los acontecimientos del 21 de mayo de 1879, cuando Perú y Chile decidieron enfrentarse.
“Como si el destino quisiera dejar imborrablemente marcado este día para las Glorias de Chile, en la rada de Iquique se reunieron cinco buques peruanos con cuyas iniciales se formó la palabra CHILE: Covadonga, Huáscar, Independencia, Lamar y Esmeralda.
“En el buque peruano Huáscar al avistarse los buques chilenos se izó una gran bandera de combate, lo que se imitó en Independencia. El comandante peruano Grau reunió su gente y los arengó:
“Tripulantes del Huáscar: ha llegado la hora de castigar al enemigo de la Patria y espero que lo sabréis hacer, cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y 2 de Mayo. Viva el Perú!”.
A su turno, “Arturo Prat rápidamente se vistió para el combate, ciñéndose la espada al cinto y subiendo a cubierta, ordenando al contador
Juan Oscar Goñi que arrojara al mar, en un saco, la correspondencia, para asegurar que no cayera en manos enemigas.
“Ordenó izar las señales “reforzar las cargas”, “venir al habla” y “seguir mis aguas”.
“Mientras la
Esmeralda viraba hacia tierra, Prat ordenó tocar “atención” y arengó a su tripulación con estas palabras, jamás olvidadas por ninguna generación de chilenos:
Muchachos:
La contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber.
Cuenta la Armada de Chile que “sacándose la gorra, Arturo Prat la batió en el aire gritando “Viva Chile!”, lo que la tripulación respondió con gritos similares, que rompieron el silencio solemne que inundaba la bahía y que llegó a los asombrados peruanos que miraban desde el anfiteatro natural del puerto.
“Prat ordenó a Carlos Condell mantenerse en baja profundidad y al transporte Lamar que abandonara la bahía y se dirigiera al sur.
“A la orden de Prat, el Corneta Gaspar Cabrales tocó “romper el fuego” y “al ataque”, lo que fue celebrado con vivas a Chile.
“Los buques chilenos concentraron su fuegos sobre el Huáscar, sin causarle daño, al rebotar los proyectiles en la coraza del buque peruano.
“Los movimientos efectuados por la Esmeralda hicieron que se reventaran sus calderas y por lo que el buque quedó con un andar reducido a poco más de dos nudos.
“Considerando lo anterior, Arturo Prat puso su buque cerca de la playa, de manera que los disparos del Huáscar pusieran en peligro a la población, lo que obligaría a disparar con cuidado y por elevación, dificultando su puntería.
“Había pasado más de una hora de combate y los buques no presentaban daños considerables. La Independencia abandonó su lugar y se dirigió a presentar combate a la goleta Covadonga, la que empezó a navegar hacia el sur.
“Un proyectil del Huáscar la atravesó, destrozando la base del palo trinquete e hiriendo fatalmente al cirujano Pedro Segundo Regalado Videla y matando instantáneamente al mozo Felipe Ojeda.
“Observado desde tierra el movimiento de Condell, el General Juan Buendía, autoridad militar peruana del puerto, dispuso que lanchas con tropas de fusileros hicieran fuego sobre la goleta, la que abandonó el puerto sin mayores consecuencias.
“En este momento el combate se divide en dos: uno entre el Huáscar y la Esmeralda, y el otro entre la Independencia y Covadonga…
“El General Juan Buendía hizo traer a la playa cuatro cañones Krupp de campaña, que instaló en un morrito que enfrentaba a la Esmeralda para cañonearla desde tierra, cruzando sus fuegos con los del Huáscar.
“La situación se tornó insostenible y Prat resolvió ubicarse en otro lugar de la bahía, lo que efectuó con mucha dificultad, porque sus máquinas no respondían.
“Una granada del Huáscar penetró por el costado de babor haciendo explosión, cerca de la línea de agua y provocando un incendio.
“El comandante peruano Grau enfiló el Huáscar hacia la Esmeralda, y dando toda fuerza a sus máquinas se lanzó sobre ella para espolonearla por babor.
“Prat en la Esmeralda trató de esquivar con su poco poder de máquinas disponible, logrando parcialmente su objetivo, y recibió de refilón la embestida a la altura del palo mesana, sin daños en su casco.
“Al chocar ambos buques el Huáscar disparó sus cañones de diez pulgadas a quemarropa, produciendo una matanza espantosa de la gente que se encontraba en la cubierta de la corbeta Esmeralda.
“No hay datos fidedignos; pero puede afirmarse que quedaron despedazados entre cuarenta y cincuenta marineros y soldados.
“El espolonazo del Huáscar, a su vez, fue recibido con una descarga de las baterías de la Esmeralda y por fuego de fusilería desde todos lo lugares, lo que no causó mayor daño.
“El Comandante Prat, al ver a sus pies la cubierta del monitor gritó:
“Al abordaje muchachos!”
“En medio del estruendo solo fue oído por el sargento Juan de Dios Aldea Fonseca y el marinero Luis Ugarte.
“El Corneta Gaspar Cabrales que tocaba “al ataque”, fue acribillado por la metralla enemiga.
“Arturo Prat alcanzó a llegar cerca de la torre blindada de mando, donde fue alcanzado con una bala que lo puso de rodillas. Un marinero salió a cubierta, disparándole un balazo en la frente que le produjo la muerte instantánea.
“El cabo Crispín Reyes, al ver que el corneta Cabrales había sucumbido, tomó el instrumento y siguió tocando “al ataque”, hasta que una granada le voló la cabeza. Entonces tomó la corneta el grumete Pantaleón Cortés, quien continuó tocando hasta que el buque se hundió.
“En la Esmeralda, hubo reunión de oficiales, y después de un breve lapso se vio que un hombre subía al palo mesana.
“La tripulación sobreviviente miraba con expectación esa maniobra, pero grandes vivas a Chile resonaron en la bahía cuando el hombre empezó a clavar las drizas de las banderas, pues significaba que se lucharía hasta la muerte.
“Grau decidió espolonear nuevamente al Esmeralda, lanzándose a toda velocidad sobre ella, ahora por el costado de estribor y el buque quedó sin gobierno y sin más municiones que las que había en cubierta.
“Nuevamente los cañones del Huáscar disparados a tan corta distancia destrozaron a la tercera parte de la tripulación sobreviviente. La corneta seguía tocando su llamada bélica en aquel sepulcro flotante, para indicar que el buque no se rendía.
“El teniente Ignacio Serrano Montaner, en el momento en que los dos buques se encontraban juntos, saltó al abordaje, seguido por doce marineros con rifles y machetes, y fueron recibidos con una lluvia de balas.
“Esmeralda se encontraba en medio de la bahía, hundiéndose lentamente.
“Pasaron alrededor de veinte minutos cuando el Huáscar se precipitó otra vez sobre la corbeta Esmeralda. Esta vez el espolón se clavó en el medio del casco, por estribor.
“La corbeta comenzó a hundirse de proa, luciendo todas sus banderas, como si quisiera despedirse de la superficie con toda dignidad.
“A medida que el buque se inclinaba y rodaban como aluvión las cureñas, los rifles, los muertos y moribundos, el guardiamarina Ernesto Riquelme Venegas, gritando vivas a Chile disparaba el último cañonazo.
“A las doce horas y diez minutos el corneta Pantaleón Cortés y Esmeralda hallaron su tumba en el mar. De los ciento noventa y ocho tripulantes sólo sobrevivieron cincuenta y ocho.
“Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno.
“El sacrificio de Arturo Prat y la tripulación de la corbeta Esmeralda permitió que el convoy transportando 2.500 hombres, enviados a Antofagasta, pudieran llegar a salvo a su destino para abastecer al ejército chileno en campaña.
“Días después, cuando se conocieron estos hechos, Chile entero se alzó orgulloso y satisfecho.
“Los mártires de Iquique dejaban señalado el camino de la victoria; cada chileno se sintió comprometido con el sacrificio de los héroes y comprendió que había que seguir la ruta de la entrega total al servicio de la Nación en guerra.
“Lo más importante de este combate es que inflamó el espíritu patriota de los chilenos y reforzó la norma iniciada por lord Thomas Cochrane y cumplida hasta la fecha: pelear contra el enemigo para “Vencer o morir”.
“Este hecho de armas creó una mística que acompañó a las fuerzas chilenas durante toda la guerra, que permitió lograr la victoria final, a pesar de los inmensos sacrificios y penurias soportadas por nuestras tropas.
“Se puede decir con propiedad que en Iquique se ganó la Guerra del Pacífico”.