15 julio 2008

Patricio Jara prolífico

El séptimo libro de la colección Libros de Mentira está dedicado a periodista antofagastino de 34 años Patricio Jara, prolífico.
Ha escrito: “Última Ronda”, relatos 1996. “La elasticidad de los cuerpos”, novela 1999. “Ave Satani”, novela 1999. “Derivas”, cuentos 2000. “El sangrador”, novela 2002. “De aquí se ve tu casa”, novela 2004. “El mar enterrado”, novela 2005.
En tres oportunidades ganó el concurso de Cuentos para Escritores de la Zona Norte (1995, 1996, 2001). En 1995 también ganó el Concurso “Dándole Cuento al Género”. Fue finalista del concurso de Cuentos Paula 2001, y coautor de “Gente que va al estadio” en 1997.
Ahora, Luis Gabriel Cruz Oyarzún cuenta que Patricio Jara “cuenta la experiencia de dos personas enjauladas en medio del mar, que desean inmortalizar a El Gran Blanco, un tiburón exótico cuya característica principal es lo increíblemente afilados de sus dientes y la fuerza de su mandíbula. En pocas líneas y con diálogos certeros, Jara logra que los minutos se hagan eternos y la tensión permanezca intacta”.
Vale.

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14 julio 2008

Más leídos, ficción y no ficción

La más reciente novela de Hernán Rivera Letelier, Mi nombre es Malarrosa, encabeza la lista de libros de ficción más leídos, mientras El secreto, de Rhonda Byrne, lo hace en no ficción.
A Rivera Letelier le sigue:
–El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón
–Harry Potter, de J.K. Rowling
–Los pilares de la tierra, de Ken Follet
–La casa de Dostoievsky, de Jorge Edwards
–Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini
–La suma de los días, de Isabel Allende
–La extraña, de Sándor Márai
–Un mundo sin fin, de Ken Follet, y
–El niño con el pijama de rayas, de John Boyne
En el segmento de lecturas de no ficción, los libros de Pilar Sordo siguen siendo un fenómeno de ventas. Después de Rhonda Byrne, siguen:
2–Cartas a mamá desde el infierno, de Ingrid Betancourt
3–Con el Coco en el diván, de Pilar Sordo
4–¡Viva la diferencia!, de Pilar Sordo
5–Emprender, de Alan Rey
6–La última elección, de Randy Pausch
7–El poder del ahora, de Eckhart Tolle
8–Palabras con historia, recargado, de Héctor Velis-Meza
9–Niños con pataletas, de Amanda Céspedes, y
10–Libro de los por qué de la vida diaria, de Héctor Velis-Meza
Este ranking surge de los reportes de las librerías Andrés Bello, Antártica, Feria Chilena del Libro, Librería Francesa, La Librería de Valdivia, Qué leo, Quimera, Takk y Feriamix.

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09 julio 2008

Más grata la literatura

Así buscan que sea en internet. Más grata. Dice Luis Gabriel Cruz Oyarzún: “Leer hacia abajo, bloques interminables, llenos de avisos, links y distractores, es agotador. Por eso, quisimos mejorar la relación entre los textos literarios y la red”.
De esta manera se explica la web Libros de Mentira, que acaba de publicar a Rafael Gumucio. Porque “el lector puede hojear, tal como en un libro impreso, las obras publicadas solo con un click”.
Esta nueva manera de acceder a la lectura literaria en pantalla contrasta con el tradicional PDF.
Pero Luis Gabriel Cruz Oyarzún (que en realidad son los dos periodistas Luis Cruz y Gabriel Oyarzún de la idea de los Libros de Mentira), ya anuncian voz de los autores en esa página web, en especial la voz de los poetas. “Así, junto al texto estará el audio de las recitaciones”, anota El Mercurio, que hizo el artículo de la “Colección virtual de narradores chilenos” en la página 12-A del día de ayer. Vale.

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04 julio 2008

El chumango Díaz Eterovic

Me encanta esa prosa intimista, aparentemente autobiográfica en la que el autor se pierde en la ficción de lo que pudo ser, la nostalgia de lo ido y la imposibilidad de que algún sea lo dejó pasar. Es el caso del cuento Mi padre peinaba a lo Gardel de Ramón Díaz Eterovic, chumango como los cuentos que publica en Libros de Mentira, aunque dicen que el apelativo es para los que no han nacido pero viven en Punta Arenas, donde le dio por venir al mundo en 1956 para publicar los poemarios El poeta derribado y Pasajero de la ausencia, y los libros de cuentos Cualquier día, Obsesión de Año Nuevo, Atrás sin golpes y Ese viejo cuento de amar, y las novelas La ciudad está triste, Solo en la oscuridad, Nadie sabe más que los muertos, Ángeles y solitarios, Correr tras el viento y Nunca enamores a un forastero. Díaz Eterovic ha ganado, ya te digo, el Premio del Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura a la mejor novela del año 1995, y ha repetido el Premio Municipal de Santiago en los años 1982, 1994 y 1996, además de atesorar otra decena de distinciones. Tiene obras inglés, alemán, italiano… ¡y croata!, y figura en una veintena de antologías de cuentos de Chile, España, México, Italia, Croacia, Alemania, Argentina, Ecuador y Estados Unidos.No digo más de lo que dijeron Cruz y Oyanzún y vayan por favor a leerlo ya en Librosdementira.

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23 junio 2008

COSTAMAGNA VIRTUAL

“Ya está online La epidemia de Traiguén, de Alejandra Costamagna”, dicen al unísono Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, los editores de la web Libros de Mentira.
De Alejandra Costamagna hice una brevísima reseña de la reseña que habían hecho de ella, y ofrecido un canapé de su pluma en una reseña de ella sobre Claudio Bertoni.
Siendo La epidemia de Traiguén uno de los varios textos del libro de cuentos Últimos fuegos, he aquí un comentario de Gonzalo Garcés.
Disfruten, pues, a esta magnífica escritora en la librería virtual de los Libros de Mentira.
Anuncian los editores que está alistándose en la rotativa la publicación de Chumandos, de Ramón Díaz Eterovic.

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18 junio 2008

MICROCUENTOS DE DIEGO MUÑOZ V.

Estupenda la sensación de ir pasando con el cursor las 23 páginas del segundo ejemplar de la colección de Libros de Mentira, titulado Microcuentos, del escritor Diego Muñoz Valenzuela.
Este libro de mentira trae textos de verdad, como La vida es sueño, que por su estructura y brevedad casi parece un poema oriental:
Duerme. Sueña que vuela.
Despierta. Cae al vacío.
El concepto y el diseño de la colección son de los periodistas Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, mientras las bellas ilustraciones del que se comenta, de Virginia Herrera.

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16 junio 2008

BREVE ANOTACIÓN DE FICCIÓN

Las librerías reportaron esta semana algunos cambios en el ranking de lectura de los compradores de libros de ficción.
1El juego del angel, del hispano Carlos Ruiz Zafón, mantiene el primer interés de lectura.
2
Cometas en el cielo, subió del cuarto al segundo lugar.
3
Harry Potter subió del sexto al tercer puesto de preferencias.
4
La suma de los días bajó un puesto, del tercero al cuarto.
5
La casa de Dostoievsky, de Jorge Edwards irrumpe en el quinto puesto.
6
Mil soles espléndidos, también irrumpe, en el sexton puesto.
7
Las crónicas de Narnia, entra en el puesto 7.
8
Los pilares de la Tierra, cae un puesto, del 7 al 8.
9
Un mundo sin fin, bajó 4 puestos, del quinto al noveno.
10
La razón de los amantes, de Pablo Simonetti, se estrena en el ranking en el puesto 10, aunque lleva 36 semanas en librerías.
Dejaron “la cartelera” del top ten:

La llorona, después de 10 semanas.
Inés del alma mía, después de 88 semanas.
La llave de Sarah, después de 4 semanas, y
La daga, tras cuatro semanas incluído.

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11 junio 2008

OBRAS CHILENAS LONGEVAS EN LIBRERÍAS

Hay cosas increíbles en las preferencias de lectura de los chilenos. Al menos para mí, es increíble que un libro complete 23 semanas en la lista de preferencias –6 meses–, que complete 40 semanas –10 meses–, que complete 88 semanas –22 meses, o 1 año y 8 meses–, ¡y que complete 122 semanas! –30 meses y medio, o 2 años y 5 meses–…
Lo interesante es que la increíble duración de preferencias entre los lectores responde a autores nacionales.
Quiere decir, ni más ni menos, que las obras chilenas son longevas en los estantes de las librerías, no por chovinismo sino por calidad literaria, en el caso de la ficción, y por su interesante contenido en el caso de los libros de no ficción.
Huelga mencionar el hecho de que la gente aún entra a las librerías y compra libros. Quiero pensar en que con ello hay posibilidades de futuro.
Las cuentas surgen de los reportes de las librerías Nova Terrae, Feriamix, Feria Chilena del Libro, Quimera, Librería Francesa, La Librería de Valdivia, Qué Leo y Andrés Bello.
En cuanto a las lecturas de Ficción, el ranking está de la siguiente manera:
1–El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, 5 semanas
2–La llorona, Marcela Serrano, 10 semanas
3–La suma de los días, Isabel Allende, 40 semanas
4–Cometas en el cielo, Khaled Hosseini, 5 semanas
5–Un mundo sin fin, Ken Follet, 11 semanas
6–Harry Potter, J.K. Rowling, 17 semanas
7–Los pilares de la tierra, Ken Follet, 11 semanas
8–Inés del alma mía, Isabel Allende, 88 semanas
9–La llave de Sarah, Tatiana de Rosnay, 4 semanas, y
10–La daga, Phillip Pullman, 4 semanas.
Y en cuanto a las lecturas de los chilenos de libro No Ficción, el ranking está así:
1)El secreto, Rhonda Byrne, 35 semanas
2)Con el Coco en el diván, Pilar Sordo, 41 semanas
3)Palabras con historia, recargado, Héctor Velis–Meza, 7 semanas
4)¡Viva la diferencia!, Pilar Sordo, 122 semanas
5)De la cultura del ego a la cultura del alma, Patricia May, 22 semanas
6)Libro de los por qué de la vida diaria, Héctor Velis­–Meza, 12 semanas
7)Niños con pataletas, adolescentes desafiantes, Amanda Céspedes, 31 semanas
8)Inteligencia relacional, Jaime García, 23 semanas
9)Dentro de Pink Floyd, Nick Mason, 4 semanas, y
10)Los mitos de los héroes griegos, Gabriela Andrade et al, 1 semana.

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10 junio 2008

LECTURA DE ANDREA PALET

El título con que publicó "El amante de lady Esther" en El Mercurio, corresponde a un ejemplo que Andrea Palet, la autora, considera adecuado para ilustrar el tema del libro que la impactó: Siempre mañana y nunca mañanamos, en el que se intenta una aproximación de la idiosincrasia chilena, aunque en realidad latinoamericana.
Entonces anota Andrea Palet:
“En Siempre mañana y nunca mañanamos, un libro excéntrico y genial, con las notas al pie más entretenidas que yo recuerde, el editor y traductor chileno Oscar Luis Molina plantea una idea osada:
“Una cultura de predominio oral como la nuestra –la de los territorios de habla castellana– apela continua y autoritariamente a un solo hemisferio cerebral, al derecho y su afinidad con los símbolos, dejando apenas espacio al pensamiento secuencial del hemisferio izquierdo y a su disposición para advertir alternativas.
“Las culturas impresas de este mundo, no por casualidad dominadoras, apelan en cambio a ambos hemisferios.
“Enfrentados a un peligro, una amenaza o problema concreto, nosotros los orales preferimos la astucia –el expediente, la postergación, la coartada– antes que el método, que implica capacidad de abstracción, teoría y un procedimiento escrito e impreso que depende del ejercicio de una inteligencia secuencial organizada textualmente”.
“Molina habla de la industria editorial, del sistema escolar, de las penurias del lenguaje, y aclara –pero para eso hay que leerlo– por qué un europeo del norte, a quien creemos un amermelado porque hay que explicarle los chistes, posiblemente sepa resolver un problema de un modo más sólido y duradero que los reyes latinos de la improvisación y la parla”.
Hasta aquí, el fragmento de Andrea Palet. Lo que sigue es su ejemplo. Pero me resulta mucho más interesante la sugerente teoría de Oscar Luis Molina. Cierta, por lo demás.
Cierta en cuanto estamos, creo, menos preparados, en nuestras culturas, para asumir situaciones que exijan de nosotros acciones de solución.
Somos elementales. Creemos resolver el problema creando teorías en torno a él, pero sin actuar para llegar a una efectiva solución. Nos hemos enconchado en una oralidad malsana.
Es como si nuestro razonamiento nada tuviera que ver con la realidad. O como si, también, asumiéramos la realidad como una abstracción, semejante a la oralidad con que argumentamos.
Pero no razonamos dentro de la realidad. No razonamos la realidad. La realidad nos supera. Estamos aplazando la realidad, aplazando actuar en ella. Estamos enviando todo al mañana en que, teóricamente, actuaremos. Pero no hacemos nada. Nos quedamos atornillando argumentos y razonamientos abstractos, sin actuar jamás sobre nuestras existencias.

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08 junio 2008

OSADO Y GALARDONADO GERMÁN MARÍN

Nació en Santiago de Chile en 1934. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. Es uno de los autores de la biblioteca virtual Libros de mentira. En 1973 publicó Fuegos artificiales, prohibida tras el golpe militar. Germán Marín vivió exiliado diecisiete años. En 1994 publicó Círculo vicioso, Premio del Consejo Nacional del Libro, y en 1995 el libro de relatos El palacio de la risa. Dos años después publica la novela Las cien águilas –beca Fundación Andes– y El circo en llamas sobre la obra de Enrique Lihn –con quien había dirigido la revista Cormorán–. Con la novela Conversaciones para solitarios ganó el Premio de Literatura Municipal de Santiago, y por segunda vez el Premio del Consejo Nacional del Libro. A este libro pertenece el siguiente texto:

Carta anónima
Usted, seguramente, está en este momento, como todas las noches, sentado entre los suyos escuchando a Mozart, mientras bebe la infusión de yerbas. Buena para el estómago, acodado al sillón. Su señora, es de suponer, distraída y lejana, tejiendo a crochet una prenda que nunca termina depositada en el regazo, mientras su hijo único, de veinte años, soluciona el crucigrama del diario y mordisquea la punta del lápiz. De esta manera, forman los tres una típica escena de familia, cuajada por una extraña docilidad, donde todo parece inmóvil y sereno. Usted ya habrá rasgado el sobre dirigido a su nombre y, al recorrer ahora estas líneas, no haga gesto alguno de sorpresa que delate la información que cumplo en entregarle, continúe por favor, plácidamente, oyendo tal vez uno de los conciertos para piano de Mozart. Pero si le parece, encienda un cigarrillo para aplacar las preguntas que ya estará haciéndose y prosiga la lectura, sin decir nada, en el más absoluto silencio. Observe a la ramera como teje pundonorosa, después, regrese, se lo pido, a esta carta que tiembla en sus manos con justo motivo. La caligrafía desconocida de este amigo de la familia, cuya identidad jamás llegará a saber, permite a usted asegurarle, con el respeto que su persona merece, la verdad de lo que sigue. Se ha visto a su esposa, en repetidas oportunidades, por el sector de Alameda con San Antonio, invitando a sórdidos lustrabotas que, luego de unas palabras de comercio, han ido tras ella con la sonrisa sin dientes y desenmascarada de la complicidad. Usted, caballero, al mirarla como todos los días, no descubrirá a esta otra mujer que permanece sofocada en su peinado de peluquería, impune como un cisne, enjoyada en una falsa existencia, mientras el tejido aumenta y disminuye en esas manos ociosas, de unas bonitas uñas pintadas de rojo, prisionera de su otra vida que ella, a espaldas suyas, ha poblado de suciedades e, incluso, de cicatrices, que deben haberla estremecido de felicidad. Le aconsejo, desde ya, no dejarse arrastrar por la indignación y continúe sabiendo de esta carta. Si me permite un sano consejo, esconda en la memoria cada palabra que está leyendo y, en nombre de la paz conyugal, que de seguro reina en la casa, destruya esta misiva al término y arrójela al fuego de la chimenea. Simule usted que prosigue escuchando a Mozart, en la grata molicie después de cenar, su señora persevera distante en la labor a crochet, su hijo, entretanto, yace preocupado aún de resolver el crucigrama. Beba tranquilamente otro sorbo de la infusión de yerbas, aunque, desde ahora, sin decir una sola palabra a nadie, observe con detención cada movimiento de ella y vigile sus pasos, señor. Desconfíe de esta mujer que bosteza al frente, capaz de transformarse para siempre en una cualquiera, si es que no está a punto de serlo, en consecuencia, hágala seguir cuando sale a la calle. Ella no dedica las tardes a repartir ropa vieja entre los pobres como dice. Bien se investigue, descubrirá de bruces la visión intolerable del mal, en que comprobará que ese cuerpo de maniquí, depilado y albo, se entrega a la usurpación de unas manos ruines.

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04 junio 2008

COSTAMAGNA EN LIBROS DE MENTIRA

Un vigor poético tiene la prosa de Alejandra Costamagna, periodista de 38 años que irrumpió en la literatura con la novela ganadora de los Juegos Florales ‘Gabriela Mistral’ en 1996, “En voz baja”.
Convocada por los periodistas Gabriel Oyarzún y Luis Cruz para darle forma al proyecto de Libros de mentira, una biblioteca virtual o librería virtual que prefiero considerar libros virtuales, Alejandra Costamagna ya fue reseñada.
Lo que sigue es una reseña de Alejandra Costamagna de una de las tantas obras de un poeta imperdible llamado Claudio Bertoni, a la que, sin embargo, le imprime un tono, un ritmo y se vale de un lenguaje que hace del género periodístico un trascendido en un pequeño hermoso objeto literario.
Tomo la reseña del número de septiembre del 2002 de la Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

Bertoni en el jardín
Claudio Bertoni vive solo en un pueblo junto al mar, compra el pan por las mañanas, no gasta en bencina ni en tarjetas de crédito, no paga cuotas mensuales de nada, se alimenta con moderación, no bebe alcohol ni fuma cigarrillos y, de hallarse en la Roma antigua, seguro que la dicha lo llevaría a reposar lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, libre de toda usura, recolectando los frutos de su jardín con la prudencia del sabio. Bertoni tiene hoy la exacta edad que tenía Horacio al morir y sabe, como el poeta romano, que la vida es breve y que mientras habla se le está escapando, envidioso, un trozo de vida. Quizás por eso su diálogo con los clásicos sea tan fecundo y delicado. Quizás por eso también su mirada en el presente asome tan resuelta. Bertoni da el mínimo crédito al porvenir y observa el mundo con el mismo gesto con que otros tragan aire, como si sus ojos fueran dos pulmones voraces.
El tiempo, la vida, el amor, los afectos: todo se acaba. Sólo quedan, para consuelo de consuelos, las mujeres. La cabeza del poeta las retiene infinitamente y gracias a eso respira. Pero los efectos del Ravotril a veces son más fuertes y por las mañanas lo extravían en sus ecos trillados. Entonces Bertoni se busca en todos los rincones posibles: en la agüita de menta, en las manos gastadas de la cajera del almacén, en el retrato de esa primera mujer, la que no sabía gritar, en las imágenes difusas de nalgas y calzones, hasta en sus cunetas de infancia se busca exhausto. Que alguien me salve, murmura, aúlla, y milagrosamente aparecen un cuellito, una orejita, una guatita, una tetita (“es que si no usamos el diminutivo ahora/ que estamos vivitos y coleando unos/ y vivitos y culiando los más afortunados/(...) ¿¡cuando!?”), un pedacito de mujer que siempre termina por salvarlo. Bertoni le habla a la grabadora de bolsillo y deposita sus disquisiciones y soliloquios internos. Así va armando este libro: con la intemperancia de los enamorados y la diligencia de los espías.
Jóvenes buenas mozas registra los devotos ejercicios de observación practicados durante los últimos años por el autor de El cansador intrabajable. Mirar como un oficio, como el de vivir, como una manía, con la vertiginosa conciencia de la fugacidad. Se trata de una serie de textos protagonizados irrestrictamente por muchachas vistas y seguidas en la calle. Chicas de quince, de veinte o de cuarenta (aunque, seamos sinceros, el peak de Bertoni está en los jumper de dieciséis). En estos escritos figuran –con carácter epigramático en la mayoría de los casos– colegialas, universitarias, ciudadanas comunes y corrientes, las tres Marías, una chilena morena y borrosa, las tres Gracias, una rubia en el Metro quitándose el suéter, chiquillas piadosas, huesuditas inalcanzables, minifaldas, pezones, mejillas pudorosas, culos malos, culos distantes, culos lejanos, culos altos, culos tiernos, culos interiores, culos peludos, culos redondos (culos cual molinos de creacionista) y un observador eternamente conmovido.
El protagonista de estos poemas es, claro está, un adicto a la belleza de las mujeres. Pero lo bello aquí admite erratas, porque la hermosura puede brotar de cualquier rincón. El canon de la perfección acá no corre. “estoy/ harto de/ todas esas/ negras de todas/ esas rubias de todas/ esas mulatas enfermas de/ maquilladas de los videoclips./ ¡Moviéndose/ como si murieran!”, alega en “Madera sin tallar”. El empacho, sin embargo, no dura demasiado. Bertoni se vale entonces de la piel de estas buenas mozas para gritar su deseo en silencio: “se sientan/ en los asientos de atrás/ como si fueran diosas/ y apenas son hijas/ del huevón que va manejando”, postula en el texto que da título al libro. Y luego suscribe casi con rabia en “Inocente”: “cree que su polerita blanca es inocente/ cree que sus blullines son inocentes/ cree que su caminadita/ con el cuellito estirado/ con los hombros echaditos para atrás/ y con el culito parado/ ¡son inocentes!/ Ella misma/ –la muy inocente–/ Se cree inocente”.
Hay un efecto perturbador en el gesto de Bertoni. Porque el autor no abandona completamente la perspectiva dolorosa que ha marcado su escritura. El goce de “Jóvenes buenas mozas” viene, como en otras ocasiones, hermanado con esa soledad tan triste que es la ausencia. Todo se pierde, todo acaba, todo muere. Desde su orilla reglamentaria el desasosiego urde sus muecas y advierte que esto es sólo una tregua. “Nadie con quien compartir/ esta hermosa mañana./ En vez de llorar de gusto/ dan ganas de llorar de pena”, es la sentencia de “Eremita”. La soledad y la ternura permanecen como péndulos atávicos en Bertoni y estos nuevos textos así lo reflejan: el poeta parece adorar tanto a las mujeres como su vida retirada. “Un lecho no triste y sin embargo casto”, diría el latino Marcial en el extremo.
“Hasta donde sé, Bertoni es una especie de hippie que vive a orillas del mar recolectando conchas y cochayuyos”, escribe Roberto Bolaño en un cuento de su libro Putas asesinas. Y aunque Bertoni nunca ha recogido un cochayuyo en su vida, la imagen del individuo en retiro no es del todo incierta. Seguro que de vez en cuando el poeta vislumbra alguna conchita en la playa y la lleva a su jardín de las delicias para escuchar las olas entre sus paredes. O para no estar tan solo. O quizás para estar solo, justamente. Porque él sabe bien que la soledad es más antigua que nosotros y porque sólo desde la soledad, amparado en sus epifanías interiores, puede liberar sus estoicos arrebatos circunstanciales: “debo irme de lo húmedo/ no quiero lamer una concha más en la vida/ no quiero tener ni siquiera lengua/ no quiero chupar a nadie más nunca./ Y no es por nada/ se trata simplemente de no mojarse de nuevo/ de no humedecerse de nuevo/ de no ser una cloaca de bofes jugosos de nuevo”, juega a zanjar en “Debo irme”.
Jóvenes buenas mozas es un libro de poemas. Pero es, como las anteriores creaciones del autor, una ventana abierta. Claudio Bertoni, uno de los poetas más hondos, confesionales e intensos de su generación, invita a los lectores, desde su codiciado e irrenunciable retiro, a contemplar el vértigo y el trance de quien tiene nociones de la belleza y del amor soberanamente claras y hoy viene a imponer sus peculiares condiciones: “Yo aceptaría el amor si fuera algo/ derecho y delgado, algo vertical y/ ascendente. Y seco, sobretodo seco./ Y por supuesto mudo”.

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31 mayo 2008

ESCRITORES EN LIBROS VIRTUALES

Por ahora es un mancha de tinta negra sobre la que se lee: Estamos trabajando. Es lo que uno encuentra aquí, al acceder a la que será una biblioteca de libros virtuales.
Será, porque por ahora “estamos trabajando”. Pero esto no quiere decir que no se sepa lo que va a ocurrir. Lo que va a ocurrir es lo siguiente:
Varios escritores pondrán sus trabajos inéditos en esa librería, en la que, literalmente, pese ser virtualmente, podrá ver los lomos de los libros en los estantes, sacar un ejemplar y abrirlo para leer.
Libros de mentiras, pero de verdad. Una biblioteca a tono con los tiempos de los desarrollos informáticos y de conectividad. Gracias a esta tecnología, muchos jóvenes sin capacidad para comprar ciertos libros podrá leerlos gratis.
Y no hablo de “librería virtual”, porque de éstas hay varias, como esta, o esta otra, o esta tercera, entre muchas, que usan exactamente esa expresión.
La genial idea es de los periodistas Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, con el mecenazgo de Camilo Marks y la Universidad de Santiago.
¿Quiénes inauguran el índice de la biblioteca virtual?
Alejandra Costamagna
Germán Marín
Sonia González
Alejandro Zambra
Ramón Díaz Eterovic
Rafael Gumucio
Pía Barros
Diego Muñoz Valenzuela
Carlos Tromben
Roberto Fuentes
Sergio Gómez
Patricio Jara

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23 mayo 2008

PAULO COELHO EN PANTALLA GIGANTE

Será sin duda toda una experiencia. Tanto para quienes realizarán la película como para nosotros los espectadores que ya leímos el libro.
Me refiero a la puesta en escena de El alquimista, la novela del brasileño Paulo Coelho, convertida en su momento en un best seller. El asunto es que este acontecimiento de convertir en imágenes los textos, ocurre veinte años después de editado el libro.
La película la dirigirá Laurence Fishburne, el de Apocalypse now, The color purple, Just cause, The Matrix, Mystic river y Misión imposible III, entre otras, de las tantas cintas en las que ha actuado.
Laurence Fishburne también hará el guión de adaptación de la novela, previo acuerdo con Paulo Coelho, quien comentó: “Estoy feliz de que mi libro se transforme en película, de la manera que yo lo había deseado y espero que el espíritu y la sencillez de mi trabajo sean preservados”.
La hará posible la compañía de Harvey Weinstein (Pandillas de Nueva York, Chicago, Shakespeare apasionado y El señor de los anillos: la comunidad del anillo.
El rodaje está previsto para el año entrante, a un costo de 60 millones de dólares.
“El libro es sencillo y espirituoso, y la adaptación al cine lo reflejará”, dijo Harvey Weinstein.
Cuando leí el libro, me encantó. Pensé que algo así me hubiera gustado poder escribir.
Después supe que Paulo Coelho tuvo un pasado tormentoso, andrajoso, drogoso y carceloso. Pero en ocasiones el hombre debe bajar al averno para recibir la iluminación.
Siempre recuerdo de El alquimista el pasaje en el que el caminante de Santiago de Compostela baja los brazos al encontrarse con una rugiente y amenazante cascada que corta el camino.
Pensó que eso había sido todo.
Pero entonces alguien le susurró que debía enfrentar ese reto. Que su solución era más fácil de lo que aparentaba, y una vez superado podría mirar hacia abajo con una sonrisa en los labios.
En efecto, el caminante comprueba que es verdad: que el peor reto es el miedo, pero superado éste nada es difícil. El caminante puede subir por la escalera que han formado anteriores escaladores de la cascada torrentosa.
Casi llega seco a la cumbre.
Y mira hacia abajo y sonríe.
Me encantó esta enseñanza, que suelo repetir.

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18 marzo 2008

HARRY POTTER Y EL SECRETO, SON PRIMEROS

De acuerdo con las librerías Francesa, Andrés Bello, Antártica, Feria Chilena del Libro, Nova Terrae, Qué Leo, Quimera y Takk, los libros de ficción más leídos son:
1-Harry Potter y las reliquiasde la muerte (J.K. Rowling)
2-La suma de los días (Isabel Allende)
3-Maridos (Ángeles Mastreta)
4-La razón de los amantes (Pablo Simonetti)
5-La bodega (Noah Gordon)
6-El amor en los tiempos del cólera (G.G. Márquez)
7-La catedral del mar (Ildefonso Falcones)
8-La ladrona de libros (Marcus Zusak)
9-Inés del alma mía (Isabel Allende)
10-Cien años de soledad (G.G. Márquez)
Isabel Allende tiene 2 libros rankeados, y el que está en la parte alta (La suma de los días) lleva 28 semanas liderando en ventas (¡siete meses!), y el otro, Inés del alma mía lleva ¡82 semanas! en los primeros diez puestos. Es todo un record (¡20,5 meses!).
Destacar, además, que La razón de los amantes, de Pablo Simonetti, lleva tanto tiempo en el ranking como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, 32 semanas, u 8 meses.
En cuanto a los de no ficción, los primeros en ventas son como siguen:
1–El secreto, de Rhonda Byrne
2–Con el Coco en el diván, de Pilar Sordo y Coco Legrand
3–¡Viva la diferencia!, de Pilar Sordo
4–Libro de los por qué de la vida diaria, de Héctor Velis-Meza
5–La inteligencia asertiva, de Javiera de la Plaza
6–No levante muros, construya puentes, de Fernando Vigorena
7–Niños con pataletas, adolescentes…, de Amanda Céspedes
8–De la cultura del ego a la cultura, de Patricia May
9–Elegí vivir, de Daniela García
10–Celebremos con Martita Serani, de Martita Serani.
En esta categoría, otra chilena, Pilar Sordo, destaca holgadamente. El libro suyo que aparece en segundo lugar, lleva 29 semanas (7 meses), mientras el que aparece en el tercer puesto lleva nada menos que 110 semanas, es decir 27,5 meses, o ¡2 años y 3 meses y medio!

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01 marzo 2006

EL AJEDREZ DE FERNANDO VILLEGAS

El año pasado salió a librerías la novela "Discursos de la carne", del ruso Alexander Tolush, y no pasó nada. Del libro, de 347 páginas, la editorial Alfaguara dijo que se trataba de "varios relatos paranoicos que se entrecruzan", desplegados "con un lenguaje impávido, burlón, feroz".
Las ventas del libro –de miedosas tapas negras– quedaron en pana después del primer ejemplar. En él se narra, "con impasible ferocidad, el derrumbe de un hombre y de un mundo con un tono de comedia brutal". También Alfaguara dijo que en él "la náusea de Sartre se multiplica como una plaga de cucarachas", para mostrar "la condición humana que deviene en esperpento".
Aún así, con esta feria de adjetivos, el libro no pegó. Y ahora, para que no siga empolvándose en los estantes, el tal Alexander Tolush decidió abrir la boca.
–Soy yo –dijo, y lo que vimos fue el rostro y la figura inconfundibles de Fernando Villegas.
En la narración sobre Efim Geller, un coronel de confianza de Mihail Gobachov, Fernando Villegas jugó a comunista clandestino, y se refugió en un seudónimo que le dio una mala pasada.
Ya desembozado, el sociólogo admite que de haber firmado la novela con su nombre de pila, Chile entero le hubiera gritado reaccionario, homofóbico, imbécil, "qué sé yo". Y en el mejor de los casos: "Mira al Villegas, qué se cree escribiendo novelas".
Lo cierto es que Fernando Villegas hizo enroque con la novela y cayó en jaque mate. Porque lo llamativo es que Alexander Tolush sí existió.
Efectivamente fue un ruso, pero nada qué ver con Gorbachov sino con el juego ciencia. Tolush nació y murió en Leningrado (1910-1969).
¿Qué suerte podrá correr "Discursos de la carne", ahora que se sabe que es de Fernando Villegas, el reaccionario, homofóbico, imbécil y qué sé yo, que tomó prestado –seguramente al azar– el nombre de un ajedrecista –¿o es suplantación de identidad?– que desde la tumba lo puso jaque al rey?

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28 febrero 2006

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS EN AGATHA CHRISTIE

En estos días vi en un canal por cable "Asesinato en el Orient Express". Leí la novela hace muchos años, gracias a mi hermana Amparo María, quien un día llegó con dos gruesos libros de tapas rojas, que contenían la obra completa de Agatha Christie, en fino papel de arroz y dotados de marcadores de cinta, como los misales.
Conmigo funcionó la hipnótica clave de la escritora británica, según la cual el suspenso se genera porque el detective no sabe más que el lector. Claro, solo hasta el momento en que el detective baraja sus deducciones, y uno queda suspendido en la sorpresa.
El formidable sabueso de la novela es el belga Hércules Poirot, un oficial de policía ya jubilado, dueño de un rostro circular y unos bigotes que copió Salvador Dalí, encarnado en el cine por David Suchet, Albert Finney y Peter Ustinov.
Más que por su estampa, Poirot destaca, como Sherlock Holmes, por su capacidad de análisis. En la historia del "Asesinato en el Orient Express" el detective de Agatha Christie (1891-1976) hace gala de ello, y, sin aspavientos, al final expone varias hipótesis del crimen: una, resulta obvia y está apegada a los hechos; otra, acepta las dudas, las dudas razonables; y por último, su propia percepción de los hechos.
Ninguna es garantía de nada, como en la vida real, porque la impunidad, que permanece agazapada, está siempre lista a saltar las barreras de la ley.
La señora Christie –cuyo nombre era Agatha Mary Clarissa Miller y tomó el apellido de su primer esposo Archibald Christie– aprovechó el renombre del Orient Express en aquella época, para usarlo como escenografía del monstruoso asesinato que ocurre ahí.
El Orient Express era entonces un lujoso tren –fabricado en Suiza en 1883– que hacía la ruta París-Estambul, con personalidades de alcurnia como las que protagonizan la novela, la cual narra que el expreso quedó atascado por una tormenta de nieve.
Al día siguiente, en una de las espléndidas literas, hallan muerto a un pasajero. Le habían asestado doce puñaladas. ¿Quién de los doce presentes pudo cometer acto tan brutal?
La trama, que lo mantiene a uno en vilo, está tejida –en los limitados espacios del vagón– con los interrogatorios de Hércules Poirot a cada uno de los singulares pasajeros, y, por supuesto, con las distintas hipótesis que surgen después de cada entrevista.
Es realmente fascinante ver actuar a Poirot en la difícil tarea de armar el puzzle para dar con el criminal. Y él mismo, después, explica su método de análisis: "Una vez que hube escuchado todas las declaraciones, me recosté, cerré los ojos y me puse a pensar".
Es decir, se puso a intuir qué había detrás de la obviedad de los hechos y de la duda razonable.
Y esa explicación no la piensa, sino que se la dice a los presentes. Además, les confiesa:
–Me llamó la atención particularmente la extraordinaria dificultad de probar nada contra ninguno de los viajeros del tren –porque todos tenían muy buenas coartadas.
–Pero entonces, señores, vi la luz –les suelta, y todos quedan tiesos; uno también.
Pero, ¿cuál luz, si no hemos visto nada?
Poirot expresa su extrañeza por la coincidencia de que todos estén relacionados con Armstrong, un prohombre estadounidense cuya familia fue destruida por el que ahora está muerto. Eso, resultaba "no solamente improbable, era imposible".
Y todos se miran entre sí.
–No podía haber casualidad, sino designio –remata Hércules Poirot.
Entonces uno se entera de qué fue lo que pensó Poirot, cuando se recostó y cerró los ojos.
Se sabe, pues, la manera cómo los doce elegantes pasajeros se pusieron de acuerdo para matar; porque todos tenían una razón para odiar al finado. Y en turno, cada uno le clavó el puñal.
Ya la primera hipótesis, la de un pasajero que lo mató y huyó, queda descartada. Aunque era buena, porque estaba sustentada en los hechos: un traje abandonado, una colilla de cigarrillo y un pedazo de papel; elementos hallados en la litera del muerto.
Este, a la sazón, era también responsable de la muerte de la hija de uno de los pasajeros –que estaba embarazada– y de su nieta. Y por boca de otro viajero sabemos que "murieron otros niños antes de Daisy", a manos de quien es cadáver, que había logrado saltar las barreras de la justicia y creía poder vivir, para siempre, en Europa, arropado de impunidad.
Antes que amilanarse por la revelación de Poirot, los presentes justifican el crimen. Uno de ellos, dice:
–La sociedad lo había condenado y nosotros no hicimos más que ejecutar la sentencia.
Esto es, ni más ni menos, que justicia privada; una patente de corso. Ciertamente, con ésta se elimina la impunidad, pero se ejerce al margen de la ley.
–Bien, ya lo sabe usted todo, monsieur Poirot. ¿Qué va usted a hacer ahora? –dice uno de los elegantes pasajeros.
Es cuando uno espera la voz justiciera de Poirot, y quizás que los señale con el índice, pues al fin y al cabo se trata de un asesinato. Pero esto no es lo que ocurre.
Antes bien, ya sin pudores, otro perfumado viajero, propone:
–La primera hipótesis es la verdadera. Sugiero que sea esa la solución que ofreceremos a la policía yugoslava.
Para este momento, un rompehielos acaba de abrir paso al Orient Express, el cual, desde luego, no puede llegar a la próxima estación con un cadáver, así como así.
A nuestro pesar, Hércule Poirot declara:
–Entonces, como ya he expuesto mi solución ante todos ustedes, tengo el honor de retirarme completamente del caso.
Y esta vez, ya no solamente es la trama de la historia lo que impacta, sino la convincente narración de que el fin justifica los medios.

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13 febrero 2006

INTENTO DAR ALGO DE MÍ

Esta semana será puesta en librerías la novela "La segunda mujer", de la española Luisa Castro, que se impuso sobre otras 368 en el reciente y codiciado premio Biblioteca Breve 2006, anunció la editorial Seix Barral.
La historia se resume así: un hombre de 57 años se enamora de una joven que lo acepta después de superar sus temores. La insolencia de ella, que lo cautivó, comienza a volverse una amenaza. ¿Hasta dónde llegará el amor?
Se trata del invisible paso del amor al odio, en un texto, dicen, de sobresaliente literatura realista.
Aunque poco conocida en esta parte, no es el primer premio que gana Luisa Castro, nacida en Foz –Lugo– en 1966, y licenciada de Filología Hispánica en la Universidad Complutense.
En 1986 ganó el premio Hiperión con el libro de poemas "Los versos del eunuco"; en 1990 ganó el premio de poesía Rey Juan Carlos con el libro "Los hábitos del artillero", y fue finalista del premio de novela Herralde con "El somier"; en el 2001 ganó el premio Azorín de novela con "El secreto de la lejía", y en el 2004 el premio Torrente Ballesteros con el libro de cuentos "Una patada en el culo".
Valga una aproximación a la escritora, mediante extractos de conceptos suyos durante un conversatorio por internet con sus lectores:
"Soy una escritora modesta, sólo me enfrento a aquello que directamente me hace pensar. Empecé a escribir leyendo a gente como Camilo José Cela, Emilio Ferreiro..., luego descubrí a Herman Melville, Rilke, Yeats.
"¿El secreto mágico de la literatura? Ufff. Sólo trabajar. No ser capaz de hacer otra cosa. Y trabajar desde las ideas que verdaderamente me han hecho pensar y me han obligado a transformarme. Todo aquello que lucha contra mí. De eso escribo yo.
"El único atrevimiento que me seduce e invita a pensar y a escribir, es el atrevimiento de la libertad individual. Hay poco espacio para la expresión de la subjetividad. Es un trabajo que está a caballo entre la expresión artística y la sinceridad.
"Me espanta tocar palabras muertas, ideas baratas. Me inspiro en lo que me importa.
"Creo que escribo con la esperanza de que mis libros no caigan en vacío. Cada libro, para mí, es un regalo. Creo que cuando leo es eso lo que espero, que el escritor me de algo y, como escritora, es lo que intento hacer, dar algo de mí.
"Yo creo que el psicoanálisis es lo contrario a la literatura. La literatura sirve, precisamente, para darnos cuenta de que no vale de nada pretender entenderse a uno mismo, cuando lo más bonito es entender a los demás.
"Uno nunca importa nada. Sólo cuando intentamos contar, explicar a los demás, podemos llegar a la hermosura y a la honestidad de contarnos a nosotros mismos.
"A mí me da pena que los escritores tengan que hacer de políticos. Me gustaría que los políticos hicieran bien su trabajo y los escritores el nuestro.
"No tengo un libro que esté muy por encima de ningún otro. Quizás, si tengo que decir uno que me ha impactado, diría los Sonetos a Orfeo, de Rilke. Toda la obra de Rilke, en realidad.
"No es mi intimidad la que revelo en lo que escribo, es la intimidad de todos. No me desnudo yo, desnudo a los demás, es lo que pretendo. Mi vida no me pertenece. Si creyera eso no escribiría.
"Un poco sí, de incesto en "El somier". Me encanta dormir junto a mi padre. Lo sigo haciendo, es un ejercicio que recomiendo, de calor, de humanidad.
"El amor es lo que nos han enseñado que sea. Y eso es lo que me preocupa. Creo, en contra de esto, que el amor debe ser una construcción personal. Mi amor lo mido con cuentagotas".

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04 febrero 2006

VALLEJO ENTRE FANTASMAS

"Vejez hijueputa que pesas más que teta caída de vieja, a las siete y veinte se desató el terremoto. Estaba yo arrebujado con mi Brujita en mi cama (mi perra Bruja que es lo que yo más quiero), semidormido, semisoñando, soñando justamente con otro, el que tumbó El Gusano de Luz allá en Antioquia, en los felices tiempos de mi atrabancada juventud, viviendo Chucho Lopera y don Elías Aristizábal, maricas máximos, summa cum laude, pederastas desatados a quienes se les orinaban los niñitos en la cama cuando ¡pum! se desató el de aquí, el que tumbó medio México: empezaron a hablar las paredes, a decir, a protestar, a cantar el aria de la locura. Cuadros se caían, vidrios se quebraban, pisos se rajaban, y yo en un séptimo piso balanceándome como el péndulo de Foucault. "¿Será que ya me dio también el síndrome de Menière?" pensé. ¡Qué va síndrome! Era temblor, terremoto. ¡Pum! ¡Tan! ¡Tas! Se mecía el edificio como sacudido por un gigante borracho y rabioso. ¡Plaaaaas! Se desplomó el de al lado. "Se colapsó", como dijo por televisión el presidente:
–Hubieron muchos edificios colapsados –dijo el Tartufo– y muchos muertos.
¡
Cállate imbécil! No les sumes a las catástrofes naturales las del idioma. Aprende a hablar. ¿O lo único que sabes es robar? ¡Hubieron! ¡Colapsados! ¡Ignoranta! Pobre país asolado sucesivamente por un perro, un Tartufo, un terremoto, un feto. ¡Ay Dios! Y yo que nunca digo Dios diciendo "Dios mío, ya, por favor, ya basta"..."
Así empieza "Entre fantasmas", la novela que comenzó a promocionar la editorial Alfaguara, del escritor colombiano Fernando Vallejoclick, el mismo de "La virgen de los sicarios" –que se llevó con éxito al cine– y de "El desbarrancadero", con la que ganó el premio Rómulo Gallegosclick.
A Fernando Vallejo se le atribuye una fuerza sin igual en el lenguaje. También se dice que hay una violencia cotidiana, sin par, en toda su obra.
Es, sin duda, polémico. Afirma que Gabriel García Márquez es un ignorante analfabeta; dona su premio a los perros callejeros y defiende sin tapujos su homosexualismo.
Pero quizás el asunto que causa sobresaltos literarios es el reto que lanza a los cánones de la narración "en tercera persona". Vallejo, diceclick:
"Durante los últimos doscientos años, la novela (entendiendo por novela la ficción en tercera persona) ha sido el gran género de la literatura. Ya no puede serlo más, ése es un camino recorrido, trillado, y no lleva a ninguna parte. ¿Qué originalidad hay en tomar, por ejemplo, una persona de la vida (o varias armando un híbrido) y cambiarle el nombre dizque para crear un personaje? Yo resolví hablar en nombre propio porque no me puedo meter en las mentes ajenas, al no haberse inventado todavía el lector de pensamientos; ni ando con una grabadora por los cafés y las calles y los cuartos grabando lo que dice el prójimo y metiéndome en las camas y en las conciencias ajenas para contarlo de chismoso en un libro. Balzac y Flaubert eran comadres. Todo lo que escribieron me suena a chisme. A chisme en prosa cocinera".

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28 enero 2006

DURAS Y MADURAS

Nunca la dicha es completa. Cuando creemos dar un paso adelante en la oferta editorial, nos vemos empujados a dar un paso atrás por los elevados precios de los libros.
En las librerías del país se pueden encontrar más títulos nacionales y extranjeros –¡Bueno! –, pero más caros. ¡Malo!
La Cámara Chilena del Libroclick reveló que en el 2005 la oferta de títulos aumentó 13,14 por ciento con relación al 2004, lo cual es un síntoma saludable para cualquier país, en especial cuando hace poco más de una década los índices de analfabetismo resultaban elevados.
Este paso adelante se caracteriza por la mayor presencia de literatura en el universo de títulos a disposición de los lectores. Los libros de literatura constituyeron el 31,05 por ciento del total editado. ¡Qué bueno!
¿Cómo se distribuyó ese proceso editorial?
–Narrativa, 24,03 %
–Poesía, 22,58 %
–Ensayo, 15,08 %
–Literatura infantil, 6,95 %
En total, se publicaron 760 títulos distintos. De estos, un 14,30 por ciento fueron autoediciones, lo que quiere decir que el autor tuvo que meterse la mano al bolsillo para verse expuesto a la mirada pública. Son 109 títulos, puestos en los estantes, a fuerza de tesón. Los otros 651 títulos correspondieron al negocio propiamente editorial.
Hasta aquí, lo que pudiéramos llamar las cosas buenas, las maduras. Lo que ocurre a continuación de este 'paso adelante' es, sin embargo, un retroceso, o, al menos, un freno a una mayor expansión editorial y literaria: precios altos: las duras.
Una información que sobre el particular trae hoy el diario La Tercera, indica que, absurdamente, resulta más barato comprar el mismo libro en Argentina, en Uruguay o México, que en Chile. Y cuando se dice más barato, incluye la opción de adquirirlo por internet.
Este ejemplo es bastante ilustrativo de lo que se está diciendo: el libro 'Ángeles y demonios', de Dan Brown –el mismo del 'Código da Vinci'–, tiene estos precios:
–En Argentina $ 7.800
–En Uruguay $ 8.000
–En México $ 9.000
–En Chile $ 15.000.
Con autores nacionales ocurre otro tanto. Las novelas póstumas de Roberto Bolaño –que salieron al mercado como un solo libro– bajo el título '2666', tiene los siguientes precios discriminatorios:
–En Argentina $ 12.000
–En Uruguay $ 17.000
–En Chile $ 40.000
¡Horror de horrores! Aún pidiéndolo por internet a Uruguay, que es el caso más costoso, ¡termina valiendo $ 25.000, cifra muy inferior a los $ 40.000 en Chile!
No cabe duda que hay un elemento excluyente contra la industria editorial, y en particular contra la literatura: ni más ni menos el sistema tributario, que no ofrece ningún alivio al conocimiento ni la cultura, y descarga su pesado IVAclick sobre los hombros de los lectores.

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26 enero 2006

PABLO SIMONETTI, HIPERREALISTA

"Vidas vulnerables", del chileno Pablo Simonetti, me parece una obra hiperrealista con logros variados a lo largo de las doce historias que componen este libro de 227 páginas, editado por Planeta.
Creo que "Los jardines del Bóboli" y "Bodas de oro", que son los dos primeros cuentos, resultan inferiores a varios de los otros que vienen a continuación, con los cuales pudo entonces haberse iniciado el libro.
Me parece que todo cuaja a partir del cuarto cuento, "Final de finales", la historia de Videncio Fuentes, alguien que da su vida por el bridge. A este le sigue "El baile", cuya insinuación homosexual permite crear una tensión que desemboca en un final grato.
Es corriente pensar que un narrador debe sufrir la metamorfosis de pasar de ser 'cuentista' a ser 'novelista'. Es decir, comenzar su vida literaria con una publicación de cuentos, a manera de buen calentamiento para abordar, después, la ardua tarea de hacer una novela, y publicarla.
De esta manera, se entiende que –en el proceso– el escritor 'gana el derecho' de ascender a un estadio que puede considerarse 'el de las ligas mayores de la literatura'.
Pues bien, no ocurre así con Pablo Simonetti. Él hizo el recorrido inverso, al menos en materia editorial. Primero publicó una novela, "Madre que estás en los cielos", que pronto se convirtió en éxito de ventas y hoy debe andar en su décima edición.
Y ahora, incursiona en el cuento con este buen libro que ya está en el mercado, "Vidas vulnerables" –cuyo título es genérico–, donde agrupa historias urbanas –en Chile y el exterior–, caracterizadas por un aire de suspenso.
El autor también aborda un tema que le es caro: el homosexualismo, y lo hace sin aspavientos ni concesiones, como otro elemento más de su narrativa.
En cuanto no me abrogo los galardones de crítico literario, asumo aquí mi percepción de lector atento, y por eso digo que los seis cuentos finales resultan ser los mejores. Excepto, sí, "Nevada", que tiene un remate que oscila entre lo burlesco y lo tonto.
En "Desde el silencio", que termina con una frase que bien es humorada, o bien ironía, logra un suspenso bien medido, mientras "Amor virtual" acoge el género epistolar para hablar de una relación homosexual, cargada de sentimiento, sin ser apologética. Dos cuentos bien logrados.
Más adelante, "Sin compasión" narra el desdoblamiento de un ejecutivo en "una loca", con un buen ritmo y un saludable final. También resulta de buena factura.
Los tres cuentos finales los encuentro destacables. "Impar", incursiona en el absurdo; "Peter Faraday" es tragicómico; y el más breve de todo el libro, "El collar de corales" –menos de tres páginas– es dulcemente amoroso.
La escritura de Pablo Simonetti es enérgica, de trazos definidos, hiperrealista. Tiene la virtud de evitar la pirotecnia verbal, de economizar palabras, por lo que, en su esfuerzo de irrumpir con la metáfora precisa, llega a crear ciertas imágenes que me parecen estereotipos diseminados en la extensión del libro.
La madre que cae postrada y se abraza a las piernas de su hijo, me parece una imagen estereotipada, lo mismo que una descripción del narrador, en "Santa Lucía", cuando está sentado en el suelo: "Recogí las piernas, las abracé con fuerza y apoyé el mentón sobre las rodillas".
Pablo Simonetti apela, en casi la totalidad de los cuentos, a la primera persona narrativa. Son, casi todos, ambientes urbanos, y la mayoría de estos corresponden a una clase social holgada. El manejo del tiempo siempre es lineal.
Los cuentos están bien estructurados cada uno, y desembocan en finales de diverso efecto. Las historias que más me gustaron fueron: de las más extensas, "Desde el silencio", "Amor virtual" y "Sin compasión", y de las breves "El baile", "Impar" y "El collar de corales".
Esta preferencia no significa que los demás no sean cuentos bien trabajados, porque, en general, el libro es parejo. Solo que en mi escala gustativa, las historias señaladas me resultaron las mejores. Cada cual, desde luego, escogerá las suyas cuando se sumerja en las 227 páginas y salga al otro lado de una buena lectura.
Este libro no podía ser la excepción, obviamente, de contener una errata editorial. Los aficionados a cazar este tipo de perlas pueden ir a la última línea de la página 183, donde se puso un punto a una frase inconclusa.

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