Oxígeno electoral, Fantuzzi con Ravinet
En vísperas de las elecciones municipales para renovar alcaldes y concejales el ambiente se caldea. Para quienes no han comprendido el sentido de la política, o quienes la consideran una oportunidad de saqueo del erario y enriquecimiento personal, estas épocas de la sociedad suelen ser de histeria y radicalismos. Pero para quienes aún creemos que hay esperanzas de tener gobernantes honestos y que, de verdad, trabajen por el bien común, nos agradan los nuevos aires.En este contexto, encuentro notable la actitud de Roberto Fantuzzi.
Él (foto) es un conocido empresario cuya inclinación política ha sido por la centroderecha de Renovación Nacional (RN), la misma del multimillonario y aspirante presidencial Sebastián Piñera. Hace unas semanas expresó su interés de lanzarse de candidato a la alcaldía de Santiago Centro, pero surgió la figura del actual alcalde de La Florida, Pablo Zalaquett, y los correligionarios de la derecha prefirieron a éste último.
Guiado, entonces, por su olfato empresarial y tozudo en sus propósitos, Roberto Fantuzzi decidió acudir al llamado del demócrata cristiano (es decir, de alguien ligado a la Concertación, que es el ala opuesta a la centroderecha de la Alianza conformada por RN y la Unión Demócrata Independiente, UDI), Jaime Ravinet.
El señor Ravinet ha sido ministro de Defensa y ostenta el título de ser el alcalde de más larga duración en Santiago, por lo que su aspiración por la Concertación no despertó el más mínimo sobresalto en su comunidad política.
Pero siendo “del otro lado”, o sea concertacionista, no parecía coherente que el señor Fantuzzi aceptara su invitación. ¿Un centroderechista en los actos de campaña de un concertacionista?
Pues, sí.
Ya imagino al empresario Fantuzzi, sentado, atento a las palabras del candidato Jaime Ravinet (por lo demás, Frantuzzi sentado al lado del escritor Antonio Skármeta, que también estaba en aquella reunión proselitista), y aplaudiéndolo al final.
El señor Frantuzzi no encontró extraño estar ahí, apoyando la iniciativa de su amigo personal Jaime Ravinet, y en su calidad de empresario, no de centroderechista, ofreciendo sus conocimientos para trabajar en el programa relacionado con las pequeñas y medianas empresas (pyme).
Cuando los periodistas lo abordaron, dijo sonriente:
–Jaime me invitó y acepté encantado. Yo no me he cambiado de equipo.
Cierto. Sigue siendo empresario. Sigue siendo un hombre preocupado por las causas sociales. Sigue siendo habitante de Santiago. Sigue siendo amigo de quien hubiera sido su enconado contendor, Jaime Ravinet, si no hubiera aparecido en su camino Pablo Zalaquett.
Me encantó que esto ocurriera. La política en Chile debe desacartonarse un poco. La veo medieval, por momentos.
Por eso, también me alegró ver en los diarios de hoy jueves, 24 de julio, que muchas personalidades del deporte, del espectáculo y el entretenimiento, se estén lanzando para ocupar alcaldías y concejos municipales.
Que se farandulizó la política, dicen unos. ¿Más?
La política suele ser más farándula que trabajo por el bien común. Que sean personajes de una farándula que posa de seria y trascendental, es otra cosa.
Y digámonos la verdad: en la política hay mucho payaso.










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