31 marzo 2006

TRASHUMANTE LEÓN FELIPE

Hijo de notario, fue boticario y actor –ambulante– y prisionero –por desfalco. Nacido en Tábara, Zamora –España– en 1884, con Irene Lambarri –en Barcelona– fue solo un soplo, y paró en Madrid. Fue a Guinea y volvió. Fue a México –bibliotecario, profesor y agregado cultural– y a Estados Unidos –con Berta Gamboa– y volvió. En 1968 León Felipe murió.
.
Vencidos
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...
Y ahora ociosa y abollada
va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero,
sin peto y sin espaldar...
va cargado de amargura...
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar...
va cargado de amargura...
que allá "quedó su ventura"
en la playa de Barcino, frente al mar...
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...
va cargado de amargura...
va, vencido, el caballero
de retorno a su lugar.
Cuántas veces, Don Quijote,
por esa misma llanura
en horas de desaliento
así te miro pasar...
y cuántas veces te grito:
Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame
a ser contigo pastor.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...
.
Somos como un caballo sin memoria...
Somos como un caballo sin memoria,
somos como un caballo
que no se acuerda ya
de la última valla que ha saltado.
Venimos corriendo y corriendo
por una larga pista de siglos y de obstáculos,
De vez en vez, la muerte...
¡el salto!
y nadie sabe cuántas
veces hemos saltado
para llegar aquí, ni cuántas saltaremos todavía
para llegar a Dios que está sentado
al final de la carrera...
esperándonos.
Lloramos y corremos,
caemos y gritamos,
vamos de tumbo en tumbo
dando brincos y vueltas entre pañales y sudarios.
.
Como tú...
Así es mi vida,
piedra,
como tú; como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centellas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una Lonja,
ni piedra de una Audiencia,
ni piedra de un Palacio,
ni piedra de una Iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

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30 marzo 2006

CHILE ES "MUY POBRE"

Él es un "patético personaje", que en un momento "se lió a patadas con los sueños, aspiraciones e ideales de todo cristo" con que tropezaba en la blogosfera, con "absoluta falta de ética". Pudo hacerlo, porque tiene "un ego de dimensiones mastodónticas" y, además, "un plus de narcisismo" que le puede.
Es, ni más ni menos, un "mirón mal educado", más conocido en la blogosfera del otro lado del Atlántico que por estos lares –en España, más exactamente, donde irrumpió de pronto, por allá en el 2003, toda una pirotécnica constelación de bitácoras multicolores.
Suele emitir –según otros– afirmaciones "sagaces, cínicas y punzantes". En uno de sus deslices –aunque no se sabe qué tanto lo es–, declaró que "el panorama de los blogs chileno es muy pobre", ahora mismo.
No da razones el "tonto útil" del Borjamari –que es el apodo tras el cual realiza, con sonrisa siniestra, sus pilatunas–, pero exalta a un blog chileno, en particular, de lo cual quizás puede colegirse, por contra, qué es a lo que él se refiere, con eso de "muy pobre".
Del blog en mención anota que es "abstracto y surrealista", caracterización que provoca su exaltación. Borjamari también afirma que el blog es "imprevisible, carente de cualquier lógica convencional, pero sobre todo, distinto. Que no es poco", dice.
Borjamari, que anda "de blog en blog", porque su razón de ser es "opinar de blogs ajenos, subrayando los aspectos más pintorescos y grotescos de los mismos desde su bitácora, reconvertida en andamio para poder proferir las más impertinentes groserías sin reparar en ningún momento las consecuencias morales de su juego", decidió voltear a mirar a esta parte del planeta... ¿para su decepción?
Ayer como hoy, Borjamari habla de otros, de los demás, y eso, en "un lugar donde el amor propio es la mejor moneda de cambio y no tiene precio" –como dice John Rolph, viejo bloguero del "Diario de un rocker", al referirse a la blogosfera.
John Rolph habla de "un tiempo" pasado que, al parecer, no ha cambiado mucho. En ese entonces que él menciona, "la retroalimentación de enlaces llevaba a la fama a algunos bloggers, aunque solo fuera por narrar en sus bitácoras experiencias tan alucinantes y descriptivas como tirarse un pedo (con perdón)".
Tal es la manera de ver la blogosfera, y opinar sobre los blogs en ella contenidos, desde el bullidor ciberespacio español. Y más exactamente, la manera en que Borjamari ve el espectro chileno de los blogs.
¿Será tanto así de "muy pobre", como el patético personaje afirma? ¿Un blog "es bueno" solamente porque carece de toda lógica convencional? ¿Lo interesante de la blogosfera es ser abstracta o surrealista?
Preguntas que surgen sin poner en cuestión las cualidades del blog realzado por Borjamari –que merece ser visto–, sino porque se quisiera poder contar con muchos buenos blogs, y, en general, con un mundo chileno en la blogosfera, que no sea "muy pobre".
¿Cómo identificar, pues, una bitácora interesante, una que sea rica en formas y contenidos? ¿O es que se adereza más la forma que el contenido? ¿Qué la haría "buena", o "menos pobre", a la blogosfera chilena? ¿Chile es, en realidad, del Tercer Mundo, en materia de blogs? ¿Quizás el excesivo amor propio impide la autocrítica, y se termina haciendo, con sagrada emoción, cualquier cosa que se parezca a nuestro ombligo?
Quizás Borjamari tenga razón. No sé.

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28 marzo 2006

HALLAZGO DE LA TICIA

Alex siente que algo extraño está ocurriendo, pero no adivina por más que escruta el rostro de su madre, sin que ella pueda notarlo. En realidad, Alex no sabe qué busca en los gestos y movimientos de su madre, porque tampoco tiene certeza de qué pueda encontrar. Pero la vida sabe trenzar las circunstancias, por azarosas que parezcan, para desentrañar los misterios que han de desentrañarse, pues hay otros que jamás se revelarán.
En ese ámbito Alex resultó un día visitando a la olvidada tía Ana, y ella feliz, lo de siempre: "¡Cómo has crecido!", "¿Cómo vas en el colegio?", y cosas así. Solo tonteras necesarias, excepto cuando preguntó por la Ticia. Alex pregunta quién es, y tía Ana, sonriente y confiada, le suelta que su hermana gemela. Alex al principio creyó en una chacota, pero la seriedad de la tía Ana no dejó lugar a dudas. Algo se revolvió en su interior. Sonrió, no tengo una hermana, más que Rosario, la mayor. "Tienes una gemela, la Ticia", insistió la tía.
Con esa incómoda sensación de haber estado al margen, regresó a casa, pero no se atrevió interrogar a mamá. Fue una semana más tarde, cuando fueron a comer helados en copa, que Alex pregunta directamente por la Ticia. Mamá se incomoda, mira a uno y otro lado, como si fuera a cruzar la calle, y le dice: "Mira, nunca más me vuelvas a preguntar eso". Hubo un silencio aterrador. "Solo puedo decirte que no tienes más hermanas que Rosario".
Sin embargo, en cuanto llegaron a casa, mamá gritó "¿Cómo pudiste?" ¿De dónde sacaste eso?" Y enseguida te cogió a palos. No lloraste, como otras veces. Esta vez no debías llorar. Había algo más profundo, superior dentro de tu pecho, que te decía: "Llorar no vale la pena, muchacho". Y así fue.
Pasaste, entonces, la noche en vela, y en cuanto pudiste, al día siguiente, durante un descanso, en la escuela, llamaste a la policía. "Creo que mamá mató a mi hermanita", dijiste.
Un hombre aterrado, atolondrado, preguntó por el teléfono: "¿Cómo es eso?", y repetiste la misma frase. A continuación explicaste lo que sabías, lo que sentías, todos tus miedos los confiaste en aquel hombre. Y a medida que hablabas te ibas acordando del presidio en que se había convertido la casa, las azotainas a diario, la vida ignominiosa a que mamá los había sometido, a ti y a Rosario.
Después se supo que el hombre se aplicó en serio a lo tuyo, averiguó que la Ticia nació contigo en el mismo parto, tu madre había cobrado una pensión asistencial durante nueve años a nombre de ella, y un día ese nombre, Ticia, desapareció por completo.
Después se supo que el hombre pidió una orden de registro de la casa, y en aquella habitación de bártulos y desorden, en aquel armario, en aquella caja de cartón, en aquella bolsa negra de polietileno, hecha un ovillo estaba la Ticia, pobre, momificada de seca.
Mamá fue a parar a la cárcel por la inocente pregunta de la tía Ana, por ese presentimiento que me robaba la respiración, por la confesión que le hice a aquel hombre de la policía y por todo lo que él averiguó, porque una cosa lleva a la otra y la vida se va haciendo de circunstancias que se enganchan invisiblemente. Mamá fue a la cárcel, y no me siento malo por haberlo hecho. Ella fue la que no debió haber hecho lo que le hizo a mi hermanita Ticia.

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27 marzo 2006

HOSTILIDAD EN LITERATURA

Nadie podrá señalar prejuicios en el otro si antes no acepta que los tiene en él. Es algo sobre lo que no solemos reflexionar, y lanzamos el lastre al otro bote sin aceptar –o darnos cuenta– que nuestra propia nave puede ir a pique.
¿Quién que haga literatura, no pudiera tener prejuicios con un cantante que decide escribir novelas? "Hasta yo creo difícil, casi improbable, que un compositor exitoso escriba buena literatura", dice él mismo.
A fe que ha sido un compositor exitoso. Supe de él tardíamente, por allá en 1988, tal vez, gracias a César García Cano, quien llegó de Brasil con un casete de Chico Buarque, que de inmediato me sedujo.
A la melodía del idioma portugués se sumaba la poesía de sus canciones, haciendo una delicia escuchar aquel artista. Recuerdo en especial, y no porque sean necesariamente consideradas por todos como sus mejores composiciones: "Pedazo de mí", "Malandrín", "Cotidiano" y "Construcción".
Mi relación con César habría de menguarse, sin enfrentamientos ni disgustos, hasta la vez que supe que había caído en un estado de ensimismamiento y depresión que, literalmente, lo consumió hasta la médula hace tres años, en Pernambuco. Paz.
Todo esto se me hizo presente al mirar un ajado número 41 de la revista Ñ, en la que se ve un Chico Buarque deseoso de que se lean sus novelas –porque ya lleva tres–, sin que se piense que las escribió un músico.
Se ve un Chico Buarque a punto de cumplir 62 años. ¡Cómo pasa el tiempo! "Creo que hay más apertura y alegría en la música", dice, "es más saludable el medio musical que el literario".
Tiene razones vivenciales para afirmar eso. Sabe que en la música "hay vanidades y estrellatos", y que en la literatura "hay prejuicios, y yo mismo los tengo". Y explica que "a la hora de escribir influye la música, pero también el cine, las artes más populares, la publicidad, los video clips", etcétera.
"Estorbo" fue su primera novela, "Benjamín" la segunda y "Budapest" la tercera. Mala crítica en todos los casos –aunque ventas importantes, dentro y fuera de Brasil–, y el sambenito de que "esas" novelas eran escritas por un compositor musical. Vacunado contra estas mordeduras, Chico Buarque dice: "No estoy preocupado con los círculos literarios de Brasil".
De las celebridades del espectáculo señala que "no importa mucho qué hacen, se tornan célebres por alguna cosa que no tiene mucho qué ver con la creación artística", en cambio, la literatura es un camino solitario.
"Con un libro los procesos son individuales, solitarios, anónimos. Y la historia es una excusa para pensar el lenguaje. Es un trabajo estético", dice.
Bajo esta premisa, escribió: "Sin la mínima noción del aspecto, de la estructura, del cuerpo mismo de las palabras, no tenía forma de saber dónde comenzaba cada palabra o hasta dónde iba. Era imposible diferenciar una palabra de otra, era como pretender cortar un río con cuchillo. Para mis oídos el húngaro podía ser hasta una lengua sin alteraciones, no constituida de palabras, sino que se diera a conocer solo por entero. (…)
Ahí entró en pantalla una chica de chal rojo moño negro, amenazó con hablar en español, hice zapping del susto. Caí en un canal en inglés, otro más, otro, un canal alemán, uno italiano y, de nuevo la entrevista con la bailarina andaluza. Corté el sonido, me centré en las letras y al observar por primera vez palabras húngaras tuve la impresión de ver sus esqueletos: o az álom elotti talajon tancol".
Reflexión del personaje central de la novela, un escritor fantasma que queda arrobado por la "elástica sonoridad del húngaro", aunque para escribirla Chico Buarque no haya estado antes en Budapest.

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26 marzo 2006

SE FUE EL VIEJO DICK

La primera vez que lo vi no me causó buena impresión, la verdad. Sé que trataba de ser amistoso cuando se me acercó. Debo ser claro en que ninguna prevención provino de él. Quizás fuera su aspecto vago lo me produjo ese distanciamiento inicial. Me refiero a que parecía moverse como entre sueños, guiado por una motivación que no parecía tener relación con su entorno. A esto se debe que no prestaba atención cuando uno lo llamaba ni cuando le ofrecía un mendrugo. Entonces lo interpreté como insolencia o descortés. Además comprobé, después, que lo rodeaba una nube de un grueso olor agrio, que reforzó la visión original que tuve de él. Sin embargo, pregunté y me explicaron que la razón de su desatención, y esa manera de moverse al azar, era por su edad. Hacía poco había cumplido quince años, lo cual lo ubicaba en el grupo senil de su especie, debido a una matemática que convertía uno en siete. De esta manera, acababa de llegar, en realidad, a los ciento cinco años de los nuestros. ¿Sería posible? Pero era a consecuencia de tal condición que el pobre estaba cegato y tenía limitado el olfato, todo lo cual le daba ese aire ausente que nada tenía que ver con la displicencia que creí haber observado al principio. La información me sirvió para observarlo de otra manera, y concederle gracia. A partir de esto noté varios hechos que convirtieron mi percepción inicial. En una oportunidad, sacó arrestos y quiso hacer una cabriola juguetona, pero chocó con el vidrio de la puerta corrediza que da al patio, y en más de una ocasión no tuvo más remedio que pasar su enorme lengua, por los bigotes, aún hambriento, pues su compañero Kino logró rapar, con su ágil salto, el trozo de carne que le habían lanzado a él. Sin olfato, sin vista, sin reflejos, sin años que vivir, era obvio que tenía las de perder. Su alimentación debía dársele prácticamente a solas, y hasta ayudarle a enfocar el hocico en dirección correcta. Solo entonces lo vi comer, y lo hacía con una leve agitación, con un indeciso proceder. Mi sentimiento para entonces se producía justamente en el extremo opuesto de mi primera impresión: una mirada más condescendiente, comprensiva, lo cual me llevaba a acercarme sin prejuicio, al menos cuando lo observaba. Las siguientes veces que fui a ese campo, a orillas del Itata, trataba de ubicarlo y dejar salir la emoción cambiada que me producía. Aunque no lo hubiera expresado abiertamente, llegué a sentir cariño por él. Pero Monserrat contó por teléfono que esta mañana el viejo Dick, que era su nombre, había fallecido en Ñipas. Tuve pena, y me senté a escribir su testimonio, aunque, en realidad, nuestra relación fue más bien limitada. Sin embargo, el poco contacto que pude tener con él me transformó, me hizo entender que hay en los demás un ámbito que no vemos y los hace actuar de una manera determinada que puede llegar a incomodarnos, sin que sepamos muy bien por qué, y mucho menos que tengamos la razón.

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25 marzo 2006

NUEVA ILUSIÓN

Un nuevo ser emergiendo desde sus raíces y creciendo con alas para volar sin límites. Las sombras geométricas alrededor del cuerpo de la figura muestran las muchas dimensiones de la vida disponibles para él.
El cuadrado representa lo físico, lo manifiesto, lo conocido. El círculo representa lo in manifiesto, el espíritu, puro espacio. Y el triángulo simboliza la naturaleza triple del universo: manifiesto, in manifiesto, y el ser humano que contiene ambos.
Ahora se te ha presentado la oportunidad de ver la vida en todas sus dimensiones, desde lo profundo a lo alto, que existen juntos, y cuando lo llegamos a saber por la experiencia que lo oscuro y lo difícil, son tan necesario como llevadero y fácil; entonces comenzamos a tener una muy diferente perspectiva del mundo.
Por permitir que todos los colores de la vida nos invadan, nosotros llegamos a estar mas integrados.
Cuando tú abres lo fundamental, inmediatamente se derrama un torrente en ti. Tú ya no eres más un ser humano corriente –tú has trascendido. Tu vislumbre ha llegado a ser el de toda la existencia. Ahora tú ya no estas mas separado –has encontrado tus raíces.
De otra manera, frecuentemente, todos están moviéndose sin raíces, no sabiendo de donde su corazón esta recibiendo energía, no sabiendo quién esta respirando en ellos, no sabiendo lo sabroso de la vida que esta circulando en ellos.
No es el cuerpo, no es la mente –es algo fundamental a toda dualidad, que es llamado bhagavat– el bhagavat en las diez direcciones.
Cuando se abre tu ser interno, primero experimentas dos direcciones: lo alto y lo profundo. Y entonces suavemente, suavemente, como si fuese una situación establecida, tu comienzas a mirar alrededor, espaciándote en las otras ocho direcciones.
Y una vez que tú has alcanzado el verdadero punto donde lo alto y lo profundo se encuentran, entonces tu puedes mirar alrededor a la circunferencia del universo.
Entonces tu conciencia comienza a desenvolverse en las diez direcciones, pero el camino ha sido uno.
.
Osho

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24 marzo 2006

HAY DÍAS Y SINEMBARGOS


1
Suspiro que atraca
inadvertido en el malecón
de tu lacerado pecho
donde aún esperanzas
hay un sinembargo.
.
2
En las filas
ante las ventanillas
de los despachos públicos
envejeció el padre.
Y murió un martes antes
de consignar los cheques.
Su vástago va
ahora
con todo el pasado por delante
buscando un rostro
que le olvide los recuerdos.
.
3
Hay días
–hermano–
en que por lamentos
cambiamos reveces
por postales utopías
por razonamientos ideales
por imágenes el espíritu
y por despueses nuestro ahora.
.
4
Y hay días
que pasan a la ventana
en cuyo cuadro discurren
días iguales.
Tantos,
tantos días
a la deriva
la misma ventana.

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23 marzo 2006

GUMUCIO PROSCRIBE A G.G.M.

Que nadie se llame a engaños: la literatura no es un manual de instrucciones, a la usanza de los libros de ingeniería, administración de empresas o agronomía.
La literatura no es un reflejo directo de la realidad, sino su transposición poética. De otra manera, sería anhelar un panfleto, con la consabida carga moral –moralista o moralizante.
Por el –extraño– desconocimiento de este principio literario, llama la atención un texto de Rafael Gumucio, titulado "El patriarca". En él se refiere a Gabriel García Márquez. Lo publicó El Mercurio en su "Revista de libros".
Resulta loable que lo primero que hace Rafael Gumucio es una confesión: "Trato de releer Cien años de soledad y no puedo". Pero es lamentable que use su incapacidad de lector para lanzar dardos al san Sebastián de su obra.
Y lo hace de manera curiosa, porque se refiere a hechos de la vida del escritor, para concluir que su obra es un narcótico, el cual hay que "impedirles a los jóvenes que caigan en él".
Este llamado policial, no debe entenderse –claro– como el principio de un neomacartismo, sino como un giro metafórico con pretendido rasgo de genialidad.
Valga aceptar que Rafael Gumucio intenta una reflexión, que procura hacer "con calma de ese gigante".
Sin embargo, termina por tratar a Gabriel García Márquez como el que "venía de provincia y no parecía llevar sobre los hombros la necesidad de salvar a su país de la desintegración".
Valga aceptar el intento de reflexión, seguramente necesaria –no lo dudo. Sano intento, sí. Pero como "no puede" leer la obra, termina exhortando a la juventud a que tampoco la lea.
Rafael Gumucio está furioso con Gabriel García Márquez: "El autor se ha encargado malvadamente de destruir el pueblo y al mismo tiempo la posibilidad de revisitarlo con la inocencia o el placer de la primera vez".
Está furioso, eso sí, de haber perdido la inocencia, sin la cual se siente incapaz de "revisitar" ese pueblo.
A partir de ese dolor que deja la inocencia extraviada, dispara sus perdigones y acusa al autor de que "está entre los grandes pesimistas de nuestras letras".
Está furioso con Gabriel García Márquez, porque "sin esa inocencia la lectura se vuelve amarga y dolorosa".
Está furioso porque El otoño del patriarca es una novela "llena de colores que terminan invariablemente en el negro más negro". La verdad, no recuerdo los cuántos colores de Rafael Gumucio, porque es una obra sobre la podredumbre y soledad de un dictador y su oscuro régimen.
En su enumeración, añade que "Crónica de una muerte anunciada nos habla de la fatalidad y el destino circular desde su título mismo". Obvio, porque es una tragedia.
De Cien años de soledad no dice nada, porque "no puedo" leerla sin inocencia. Pero se aventura con que la nada de las novelas está "llena de palmeras". ¿Palmeras? Quizás Rafael Gumucio quiso decir "almendros".
No se entiende bien, por qué Rafael Gumucio busca en la obra de Gabriel García Márquez un manual de instrucciones contra el fatalismo, la soledad y la tragedia humanas. Y al no hallarlo, enfurece.
Como las novelas no las puede leer, porque no son un recetario de "progreso", "revolución", ni ninguna otra mermelada, proclama entonces que "Edwards, Fuentes o Vargas Llosa son mucho más de izquierda que García Márquez". ¿Será?
Y agrega que los primeros nombrados, "son capaces de presentarse a Presidente de la República de sus países (…). Son escritores que intentan razonar, intelectuales públicos (…)". Etcétera.
Comparto, aunque pueda ser irrelevante para la obra, el fastidio de Rafael Gumucio por la yunta del Nobel de Literatura con Fidel Castro.
Pero al final, queda uno con ganas de saber cuál es la nueva reflexión que intenta sobre la obra en sí.
Aunque sería inocente hacerlo, claro, porque el título del artículo, "El patriarca", se refiere a la persona de Gabriel García Márquez, ya que la obra "no pudo" ser leída.
Pero también queda uno con la preocupación de que el simil del drogadicto sirva para proscribir a un autor (¿censor inquisitorial?); aunque se cuida de advertir que, quizás, bien valga "pincharnos en secreto mejor".

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22 marzo 2006

TRANSREALISMO DE BADILLA

Navegando sin rumbo me topé con versos ajustados a la preceptiva de lo que su autor ha dado en llamar transrealismo, tendencia esta que debe cumplir un decálogo para tratarse de tal.
Y consiste, sin ser exhaustivo, entre otras cosas en la utilización de un lenguaje de mixturas artísticas y un tono chamánico, profético o cabalístico, con lo urbano como decorado.
Su ámbito es mitológico y su razonamiento poético no importa si es falso o deba apelar a la narrativa.
El creador es Sergio Badilla Castillo, hijo de marino y sefardí, cuyos logros poéticos fueron recientemente distinguidos con el "Premio Artomi": algo en metálico y la estancia, por un mes, en el Centro de Arte Internacional de la Fundación de Artes de Estados Unidos, ubicado en el condado de Columbia. Lo recibirá el 16 de abril.
Los epígonos de Sergio Badilla Castillo, a su vez, son los creadores de tres recientes bitácoras –en inglés, árabe y español– dedicadas a poner de manifiesto los logros del transrealismo.
Quizás ellos mismos actualizaron –el lunes pasado– la referencia del autor en Wikipedia.
La obra de Sergio Badilla Castillo puede leerse, además de los idiomas mencionados, en sueco, farsi, finlandés, catalán, francés, turco y portugués. Y ella es abundante, sobre todo en arte poético:
–La morada del signo, 1982.
–Cantonírico, 1983.
–Reverberaciones de piedras acuáticas, 1985.
–Terrenalis, 1989.
–Saga nórdica, 1996.
–La mirada temerosa del bastardo, 2003.
–Poemas transreales y algunos evangelios, 2005.
En cuento tiene "Más abajo de mi rama", 1980; y en teatro, "Mi hermano Pepe", 1999, y "Más allá de la noche", 2001.
No es la primera vez que destacan la obra de Sergio Badilla Castillo: ya ocurrió con los Hucke, Colmena, San Martín, Ciudad de Valparaíso y varias veces la beca del Consejo Nacional de Cultura de Suecia –país donde vivió el exilio, y ha sido proactivo en el "Grupo Taller de Estocolmo" y el "Pelican International Group of Arts".
A su haber, además del transrealismo, está la creación de las revistas "Polo Norte" y "Pación".
Como un canapé, solamente, van dos fragmentos. Uno del libro "Poemas transreales y algunos evangelios", y el poema "Diluvio universal":
"El diluvio fue un torbellino neolítico de la tierra preñada
entre el magma de sus profundidades y sus múltiples espasmos.
Salimos de la alcoba y llueve por tercer día amada.
Será oportuno entonces que intente construir una piragua.
¡Qué otra cosa podría labrar con la torpeza de estas manos
con el asombro de un hombre enamorado!
¿Habrán deshielos en los extremos del mundo (en las regiones polares)?
...
Luego del caos: la mudez y el desconcierto
cuando la belleza caduca momentáneamente
y el cataclismo es perfecto en todo caso.
Admiro así y todo tu torso en mi abstinencia y en la cópula
una vez que el aluvión pasó por Larraín hacia el canal San Carlos
como aguacero paleolítico de la tierra embarazada".
.
Y otro del libro "La mirada temerosa del bastardo", y el poema "Otoño del 96":
"El otoño se confunde en la opacidad de la mirada en los gestos
y hace frío en todas las habitaciones de esta eruginosa casa.
Una ráfaga de viento estremece la vidriera de la ventana más cercana.
La garúa perla insistente la rama extendida de una palma
algo insinúa la sequedad en su aterido cuerpo.
En la penumbra se escapan figuras que reconoce mi cerebro
algunos objetos figuras ambulantes una decena de rostros quietos.
La evocación me obliga a rondar como temeroso fantasma
intangible próximo a una desesperada tristeza.
Vuelvo a pensar que no existo unas pisadas en la nieve
la presteza de un relámpago en la oscuridad de la arboleda".

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20 marzo 2006

AGONÍA

Con el nacimiento del hijo menor cultivó por el resto de su vida dudas sobre la fidelidad de su esposa.
En un último esfuerzo para no irse de este mundo con la fe perdida, pidió que los dejaran a solas.
Y la interrogó.
Obtuvo una respuesta casi airada:
–¿Cómo pudiste mantener semejante sospecha?
Ella entonces lo vio expirar.
Pero supo que se había equivocado: una pregunta jamás puede responderse con otra pregunta, porque queda flotando una doble duda.
Y comenzó su tormento.

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OTOÑO EN EL CELULAR


.
Cuando por razones de oficio se logra dominar los elementos es posible experimentar juguetonamente con ellos, es posible valerse de pocos de ellos para obtener un resultado aceptable, o hacer de la escasez un recurso feliz: Hugh Symonds solo necesitó su teléfono celular –o móvil– para lograr lo artístico, sin procesos intermedios ni retoques –según él.

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19 marzo 2006

CONCURSAR NO ES SOLO CORAZÓN

Un concurso literario es una gran oportunidad para todos los escritores.
Cada concurso tiene su dimensión y reclama unos determinados autores. Esto es, una primera novela no se enviará al Premio "Rómulo Gallegos", ya que éste es la oportunidad que buscan autores que ya tienen obras destacadas en su curriculum vitae.
De hecho, lo han ganado, entre otros, Mario Vargas Llosa con "La casa verde", Gabriel García Márquez con "Cien años de soledad", Carlos Fuentes con "Terra nostra", Roberto Bolaño con "Los detectives salvajes" y Fernando Vallejo con "El desbarrancadero", cuando ya tenían otras obras exitosas en librerías.
Casi siempre la motivación es un mayor prestigio literario. Con este se abren algunas puertas, pues el autor será nombrado, en adelante, como "Ganador del Premio…"
El dinero que ofrezca la empresa organizadora del concurso, por supuesto, viene bien.
Quien participe, sin embargo, debe partir del principio de que ganar el concurso no es fácil. Y esta afirmación no se refiere a decisiones sesgadas de los jurados, apadrinamiento de editoriales o cualquiera otra irregularidad, que se ha visto.
Se refiere a que serán muchos los participantes, seguramente, y más de uno de ellos con "algo de oficio" para producir obras con mayor destreza.
Quien envíe a concursar su cuento, su novela, su ensayo, debe saber que cientos –y en ocasiones miles– de otros hombres y mujeres también pretenden alzarse con el premio.
Así es que se debe tener un cierto grado de seguridad enviando un excelente texto.
La fiabilidad de los organizadores de los Rulfo, por ejemplo, está a prueba de dudas. Lo mismo que los jurados para cuento y novela.
Debe saberse que casi siempre hay "lectores" previos a los jurados, debido al volumen de trabajos que llegan; estos lectores separan, por así decirlo, la paja del trigo. De otra manera, sería un trabajo monumental para los jurados, y una pérdida de tiempo y energía.
Las bases de todo concurso deben leerse atentamente. Hay detalles a tener en la cuenta, como el número de cuartillas –carillas o páginas–, el tamaño de las mismas –carta u oficio–, los márgenes –si es el caso– y el número de líneas por página.
En otros caso se pide un determinado número de palabras. Si no se cumple con "tonteras" como esta, el trabajo enviado puede quedar por fuera.
Hay que verificar si el concurso reclama una determinada temática. Ésta, entonces, debe abordarse responsablemente y a profundidad, pues no bastará con una simple frase referencial que se intercale en el texto para creer que se está cumpliendo con la exigencia de las bases.
Aunque es obvio decirlo, debe escribirse correctamente la dirección de destino, y hacer el envío con suficientes días de anticipación al cierre del plazo, pese a que generalmente las bases especifican que se tomará como fecha válida de admisión la del matasellos del servicio de correos del lugar de procedencia del trabajo.
Muchos concursos ponen como condición que la obra no esté participando en otro evento.
Y prácticamente todos los certámenes solicitan una nota firmada por el autor, en la que éste cede los derechos de uso de la obra, de acuerdo a las políticas de difusión y comercialización de los organizadores.
En cuanto a los contenidos, es importante leer a los ganadores y finalistas de las versiones anteriores del concurso.
Es posible encontrar "una tendencia" de los jurados o del premio, por determinados estilos o temas.
Esos ganadores o finalistas en ocasiones están "emparentados" por tratar ciertos temas, tener más acción, preferir la narración o el diálogo, etcétera. No se trata de "hacer lo mismo", sino de observar y asimilar el estilo y la temática, aunque se crea firmemente y al final se resuelva escribir "de otra cosa y otra manera".
Todo eso servirá para no dejarse arrastrar por el primer impulso, y poder evaluar el alcance que el trabajo propio podría tener en ese concurso. Serán decenas –o cientos, quizás– los que tengan obras con la misma idea, probablemente.
Aquí entra en juego eso de "la originalidad" en abordar el tema.
En suma, asumir la participación en un concurso con alguna racionalidad, pues los organizadores y los jurados casi nunca están movidos por la simple emocionalidad.
Lo siguiente será, en el buen suceso, recibir los aplausos y la admiración de los demás al recibir el galardón. Y claro, aunque prosaico, obtener además un dinero que siempre viene bien.

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18 marzo 2006

'JUAN RULFO 2006'

Acaban de lanzar las bases de los premios "Juan Rulfo 2006" convocados por Radio Francia Internacional, Instituto Cervantes, Casa América Latina, Instituto de México, Colegio de España, Le Monde Diplomatique-España y Unión Latina, en las modalidades de novela corta, cuento y fotografía.
Los trabajos de Fotografía deben ser enviados antes del 30 de septiembre, y los de Cuento hasta el 30 de agosto.
En cuento serán jurados Arnaldo Calveyra (Argentina), Aline Schulmann (Marruecos), Luis Sepúlveda (Chile), Claude Fell (Francia), Mercedes Iturbe (México), Waldo Rojas (Chile), Karla Suárez (Cuba), Fernando Carvallo (Perú), Javier de Lucas (España) y Elqui Burgos (Perú).
También hasta el 30 de agosto hay plazo para enviar las obras de Novela Corta, cuyos jurados son Eduardo Manet (Cuba), Claude Fell (Francia), Santiago Gamboa (Colombia), Juan Manuel Fajardo, Michéle Gazier (Francia), Eduardo García Aguilar (Colombia), Alberto Bensoussan, Jorge Volpi (México), Patrick Rosas (Perú), Fernando Aínsa (Uruguay), Gustavo Guerrero y Ramón Chao (España).
Los Rulfo 2005 fueron ganados:
–Novela corta, ex aequo, Mirko Lauer (Perú) y Ana Clavel (México).
–Cuento, Pedro Jaime de Isla Martínez (México).
–Fotografía, Thiago Barros (Brasil).

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17 marzo 2006

MUJERES APASIONADAS

Van en fila, una detrás de otra, sin orden alguno. Sensualmente cuentan sus desvaríos. Todas ellas vivas, de amor. Van de Paraguay a España, de Argentina a Guatemala y de Colombia a Costa Rica. Van. Exilios y encuentros. Una detrás de otra. Van ellas. Soledades y delirios. Sin orden alguno. Ellas van.
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Saqueo
Como un depredador entraste en casa,
rompiste los cristales,
a piedra destruíste los espejos,
pisaste el fuego que yo había encendido.
Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo.
Un cristal me refleja dividida.
Por mi ventana rota aún te veo.
(Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos).
Y yo, mujer de paz,
amo la guerra en ti, tu voz de espadas,
y conozco de heridas y de muerte,
derrotas y saqueos.
En mi hogar devastado se hizo trizas el día,
pero en mi eterna noche aún arde el fuego.
PIEDAD BONNETT (Colombia)
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Tal vez no sepas
Tal vez no sepas nunca cuándo y cómo
quise salvar mi amor, tu amor. El nuestro.
Una vez será tarde.
Yo presiento
esa herida que avanza,
ese cierto dolor de no querernos.
Cómo decirte ahora:
mírame aún, así, trata de verme
como soy, duramente.
Con mi ternura. Claro, y mis tormentas.
Cómo decirte: sálvalo, si quieres
y cuídalo. Se te ha ido de las manos,
se me va de la sangre y no regresa.
Cómo decirte que te quiero menos
y que quiero quererte como entonces.
Y que entiendas
y no te encierres más.
Y me dejes creer en ti, de nuevo.
Cómo decirte nada.
Un día será tarde. Tarde y lejos.
JULIA PRILUTZKY (Argentina)
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Carta al amante
Por recorrer tu piel a pedacitos
olvidé la piel agrietada
de la patria,
dejé de andar por sus caminos,
no llegué hasta sus aldeas,
ignoré el hambre y la violencia,
sumergida en un orgasmo inacabable.
Así me fui volviendo caracol.
Me fui volviendo tortuga,
oculta en las profundidades de su casa.
Vivía inútil, cantando
como la cigarra de la fábula.
Mi casa no tenía puertas ni ventanas.
Monumental, ¡el egoísmo me envolvía
en su crisálida!
Sin embargo, nuestro amor crecía.
Nuestro amor, que ha sido
un diálogo de años.
Un amarnos a besos,
a golpes a mordiscos.
CARMEN MATUTE (Guatemala)
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No sé
Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.
Can I go forward when m y heart is here?
No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.
CLARA JANÉS (España)
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Si pudiera abrir mi gruesa flor...
Si pudiera abrir mi gruesa flor
para ver su geografía íntima,
su dulce orografía de gruesa flor:
si pudiera saltar desde los ojos
para verme, abierta al sol,
si no me golpeara de pronto, en la mejilla,
esta reunida sombra,
esta orilla de silencio
que es lo que ciertos pañuelos a la lágrima,
un aposento blanco, descubierto.
Si pudiera quedarme abierta al sol
como el sencillo mar
y alta, recién nacida hija del agua,
creciera mi color al pie del agua.
Por qué no he de poder desnudarme los pies
en una casa en que los alfabetos ascienden
por el labio a la palabra, y en que duendes de menta,
sirven té verde y florecida sombra.
Por qué no he de poder
desnudarme los pies en una casa
en que todos los días
un año desviste su estatura melancólica,
y en que la costa azul de un relicario
guarda el retrato de un vecino de mayo que se ha ido.
Sin embargo
no puedo desnudarme los pies en esta casa
ni poner sobre la mesa el corazón.
Pero puedo abrirme como una flor
y saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol.
EUNICE ODIO (Costa Rica)
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Insomnio
Del vasto territorio del insomnio,
de su ilímite páramo de sombra,
traigo hilachas de ausencia entre los labios,
una huella que me hurta y que te nombra.
¿Qué distancias de fiebre y desvarío
por las estribaciones de la aurora
recorro suplicante, pierdo, ansío
destejiendo la trama de las horas?
Cuando estoy por tocarte es ya un vacío
la llama de tu voz. Como las hojas
de un vendaval atónito y tardío
tu fantasma mi sueño desaloja.
Me sorprende el lucero soberano
creando tu caricia con mis manos.
RENÉE FERRER (Paraguay)

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15 marzo 2006

EL ABUELO

El abuelo murió a los ochenta y ocho años jugando a las espadas. En casa de tía Lucila.
–¿Sabes las treinta y dos paradas? –le dijo a Julián.
Julián no le comprendió y le echó la culpa al calor de infierno que lo aturdía. Le dijo que no sabía eso de las treinta y dos paradas.
–¿Qué son "paradas", abuelo?
El viejo soltó una carcajada imposible para sus ochenta y ocho años. Le brilló la mirada y como furtivo corrió hasta su cuarto. Julián fue detrás.
–Ya te muestro –previno el abuelo, atareado en liberar un costal con apariencia de no contener algo, y que estaba atrapado contra la pared por unas monturas arrumadas por inservibles.
Allí inclinado, tirando de su presa, alguien que lo hubiera visto no hubiese podido asegurar que se trataba del abuelo, pensó después Julián. El viejo exhaló con fuerza, rubricando su logro, y dejó su carga sobre el catre.
–¿Sabes qué tengo aquí?
Julián quiso acertar, pero se contuvo de decirlo para evitar otra de sus carcajadas ofensivas. En todo caso al descargar el envoltorio oyó ruidos de metales.
–No, abuelo.
–¿Qué te imaginas? –y Julián imaginó una balanza de colgar, según las puntas que buscaban salir del saco; imaginó un trípode, pedazos del marco de una ventana; supuso por el sonido que también frenos de cabalgaduras; imaginó un raro aparato construido por el abuelo que solamente él sabría cómo utilizar.
–Cosas... –dijo al cabo, avergonzado de no poder ser más preciso.
–¿Cosas? –rezongó el abuelo.
–¡Ajá! Tengo aquí un tesoro y solo se te ocurre imaginar que son cosas. Cosas son las que tienes en esa cabezota –aleccionó el abuelo y soltó su carcajada.
La carcajada que Julián eludió de la mejor manera posible la sintió en el sonrojo que venía a sumarse a su congestión por el calor. Sudó de la pura vergüenza.
–Ahora, mira –agregó el viejo, con picardía, a tiempo de abrir de golpe la jeta del saco de costura ordinaria.
Allí había frenos y ronzales, cierto, pero lo esencial resultaron ser esos metales que se resistían a la humedad, sugiriendo el lustre de otros días.
El rostro del abuelo se iluminó todo el tiempo que estuvo mirando las armas, a punto de decir algo, sorprendido él también como de su hallazgo.
Julián miraba las espadas, los sables, pero además la expresión feliz del viejo fue lo que más le gusto.
Era un sábado en la hora del sol canicular. En el patio había cantos de aves y presencia de bichos y Julián disfrutaba sus vacaciones. Eran en premio por haber aprobado el segundo año de la secundaria. Las otras habían sido en Bogotá, en la casa la mayor parte, sin encantos. Ahora estaba en Florencia y todo era nuevo.
–Ya le va a llenar al niño la cabeza de cucarachas –irrumpió la tía Lucila. El abuelo hizo un gesto de capricho con el hombro.
–No son cucarachas –dijo, a su vez, el viejo, que pareció sobresaltado–. ¡Ustedes deben estar en la cocina! Las cosas de hombres las hacemos los hombres.
–No sea respondón –ordenó, casi, la tía Lucila.
A Julián le pareció un juego de palabras que resultaban como convenidas para divertirlo. Y sonrió cuando el abuelo la cortó para decirle, "¡A la cocina!", dando un golpe con el pie, como se ahuyentan los perros.
–¡Viejo pendejo! –exclamó la tía Lucila, bufando de la ira. Cruzó su obesidad por la puerta por la que, sin ellos darse cuenta, había aparecido un instante atrás, haciendo sonar las chalas.
Para cuando ya se había marchado, el abuelo hizo un ruido con la lengua entre los labios, adelantando la cabeza, con los carrillos inflados, como una larga y preocupante flatulencia. Julián se echó a reír, sin saber la gravedad de su risa a los oídos de tía Lucila, pero que tanta gracia hizo en el abuelo, que se dejó venir con otra carcajada.
Los tiempos no eran los mejores para el viejo en esa casa.
Tal vez fue el sometimiento a otras voluntades lo que le provocó ese ritmo descompasado del corazón en los últimos días. Después de todo para nadie es fácil aceptarse reducido de pronto a los caprichos de los otros, porque han pasado los almanaques y las vacas han enflaquecido sin apenas darse cuenta. Ya no hay finca, no quedan siembras, las bestias también se pusieron viejas y macilentas, y el dinero se esfumó con amigos bebiendo alcohol mientras hablaban tonterías y los convidaba a lo que fuera.
Eran los tiempos, pues. Pero ahora no puede dar órdenes a los hijos, porque crecieron, y hechos hombres levantaron familias, y las hijas encontraron un marido de lo mejor. Todos tienen sus hijos propios: la elipse que iba más allá, cada vez, o eso se creía, descendió en picada, y heme aquí.
–Con estas yo peleé –dijo el abuelo, después de varios minutos que se dio en apreciarlas de nuevo.
–Me batí como una fiera en la de los Mil Días –henchido de valor.
–En la así llamada Guerra de los Mil Días, muchacho.
Caballos al galope con los hollares hinchados y la pupila exaltada, gritos embravecidos o enloquecidos, prendas rasgadas, sudor, rostros ensangrentados, quejidos de muerte o de graves heridas, trompetas, pistoletazos, restallidos y estampidas, cascos azotando el planeta en mitad de la refriega: todas las imágenes posibles de que Julián era capaz asociar a una guerra antigua, se agolparon en su mente.
–¿Una gue-rra? –boquiabierto. Este hombre estuvo en una guerra, una guerra que duró mil días, y este hombre es mi abuelo, pensó en un instante.
El viejo había tomado dos de los aceros en mejor estado, le tendía uno a Julián y se aprestaba, en el encementado del patio, a dar aparente inicio a un duelo, como aquellos.
–Una guerra, ¡claro!, con pistolas y fistos, heridos y caballos. Una gue-rra –remató el abuelo, deletreando y a punto de soltar otra carcajada de blanquísimos dientes, como si fuera lo más corriente estar en una guerra.
–¡Qué guerra ni qué guerra! –Julián volteó a mirar a la tía Lucila que avanzaba llevando algo por el corredor, hacia la sala. Usted solo fue cocinero, un ranchero ¡y de lo peor!
Y siguió, como si hubiera dicho algo menor acerca del estado del tiempo. En los ojos del abuelo se adivinó el deseo de dejarla seca de un solo lance.
–¡Gorda pendeja! –lo oyó Julián responder con dientes trabados.
Con un gesto el abuelo indicó que las acciones se iniciaban. No había por qué hacerse mala sangre con estupideces de mujeres, si este es asunto de hombres, un asunto de la vida, creyó entender Julián.
Y comenzó la cátedra: que las piernas deben estar así de separadas, un pie un poco más adelante para esta parada, una leve flexión aquí, el brazo baldo se pone así. Hay dos fuerzas complementarias: la del hombro y la de la muñeca. Hay que hacer este movimiento de cintura, de nuca, de piernas, parar ese golpe que viene por aquí, y escurrirle el bulto con una torsión, así, si llega por acá. Enconcharse si el lance lo va a recibir de punta, evitar este golpe con la mano libre y, eso sí, no tener clemencia si el triunfo es nuestro. Porque ¿cómo puedes esperarla con quien estás peleando a muerte?
–¿Se fijó?
–Sí, abuelo.
–Entonces tendrás tu primer encuentro con un enemigo. Yo hago de enemigo y tú haces de Joaquín Montero, que soy yo –y mostró su blanca dentadura postiza, a manera de sonrisa cómplice.
–¿Listos?
–Sí, abuelo.
Chasquearon los metales en la escaramuza.
A Julián le resultó más pesado el acero de lo que lo hacía ver el abuelo en la demostración, así que se ayudaba con el brazo que debía ir baldo.
El abuelo daba brincos, sin la elasticidad de esos tiempos, pero con voluntad. Se enrollaba sobre sí, esquivaba y sabía que no era difícil llegar a las carnes de Julián. Se batían lo mejor, cada uno.
Pero al abuelo, en un momento le faltó una fracción de movimiento, y dónde mantenerse en pie.
Ya no estaba para eludir un ataque, ni siquiera como el de Julián, quien no cejaba de blandir el arma, a dos manos, con todas sus fuerzas.
Hacía sesenta y tres años la llamada Guerra de los Mil Días había comenzado, y el abuelo buscó apoyo en su rodilla derecha, que lo traicionó.
El abuelo creyó estirar los brazos para no darse de cara contra el mundo, empuñando todavía la espada.
El metal restalló en el encementado del patio, y el abuelo siguió derrumbándose, sin tiempo para darse cuenta qué había pasado, ni a dónde caía.

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14 marzo 2006

SENSUALIDAD EN PONER LADRILLOS

Aunque es verdad que todos llevamos un poeta y un novelista dentro, solo quienes se aplican a ello logran serlo en realidad.
Reiteración que viene en forma de consejo por parte de todos los grandes escritores, el mexicano Carlos Fuentes entre ellos.
Con una extensa obra que vio las librerías por primera vez en los años cincuenta, Carlos Fuentes compara el oficio de escribir con otro cualquiera, como la albañilería o la carpintería.
Dice: “Escribir es como poner ladrillos o construir una mesa. Hay que tener horarios, hay que ser muy serio y saber que todos los días hay que ejercitar el oficio, o se pierde”.
Nacido en Panamá, este mexicano ha recibido altos honores en las letras: en el 77 ganó el Premio “Rómulo Gallegos”, en el 84 el Premio Nacional de Literatura de México, en el 87 el Premio “Cervantes” y en el 94 el Premio “Príncipe de Asturias”.
Carlos Fuentes lamenta esa falta de disciplina que echa a perder a algunos talentos confiados en su don solamente: “He visto tantos talentos en América Latina, en México, caer por falta de disciplina. ¿Por qué no se sientan a escribir? Porque prefieren estar hablando en el café, o se meten en la política, lo que usted quiera. Son grandes talentos que se frustran, y yo siempre he dicho que la disciplina es esencial para el escritor. Es un oficio, finalmente”.
Vinculado afectiva y formativamente a Santiago de Chile –como quiera que aquí vivió y publicó a los 11 años su primer cuento–, a Buenos Aires y a Ciudad de México –la capital del país de sus entrañas–, Carlos Fuentes habló hace unos días con la BBC de Londres, en una entrevista de Juan Carlos Pérez Salazar, de la que aquí se toma lo pertinente.
–¿Es verdad, como dicen Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, que usted escribe con dos dedos?
“Escribo ahora con pluma. Como se pasó de las viejas máquinas que queríamos tanto, la Royal, por ejemplo, a una cosa mecánica, eléctrica, que me equivocaba yo mucho, dije, voy a regresar a la sensualidad de tomar un cuaderno, una pluma con tinta. Escribir del lado derecho, corregir del lado izquierdo, y sentir que soy dueño de lo que escribo y que no dependo de ninguna cosa mecánica, de manera que así vengo haciéndolo por lo menos desde hace 20 años”.
–¿Cuáles son los escritores que más lo han influido y le han enseñado?
“Desde luego que lee uno los clásicos y ahí está todo dicho. Las tragedias griegas son las situaciones básicas de la narrativa, ahí están todas, tenemos que volver a eso una y otra vez. Pero como influencias claras en mi quehacer literario ya más maduro, creo que está Honorato de Balzac, lo leí mucho, mucho. Está William Faulkner, con quien me identifiqué mucho por el barroquismo, que me lo asociaba mucho con mi propia lengua, con Góngora y Quevedo. Y desde luego, Cervantes, que es la base de todo”.
–Usted es uno de los pocos escritores latinoamericanos que se mueve muy confortablemente en la novela, el ensayo y el cuento, y en los tres ha hecho grandes obras.
“No me hago violencia. Y hago periodismo, mucho también. De manera que para mí no es ninguna violencia, y paso con mucha facilidad de un género a otro”.
–Pero cuando escribe una novela, no escribe ensayo. ¿Tiene que compartimentar eso?
“Cuando estoy escribiendo una novela larga, cosa que toma a veces años, le dedico las mañanas, y luego las tardes yo leo, y si tengo un ensayo, una conferencia, periodismo, lo hago ya de noche. Porque es más fácil, porque me aviento una, tres, cuatro cuartillas para el periódico, o veinte para una conferencia, con más facilidad. En cambio hay que estar muy alerta con una novela, y yo funciono bien de mañana”.
–¿De dónde le viene a usted el enigma del tiempo, por qué esa inquietud?
“Porque soy mexicano. En México es muy fácil darse cuenta de esto porque coexistimos con una cultura muy antigua que no tiene más posibilidad de ser que ubicar su pasado en el presente. Es decir, estamos aquí. Los indígenas tienen una idea temporal que no es la del occidente propiamente, sino que es una visión simultánea, en la que estar en el momento actual es estar en el más remoto origen y además es proyectarse al futuro más lejano. Entonces, esto lo encuentro en Faulkner también”.
–¿Estaría dispuesto a intentar una novela de la envergadura de “Terra Nostra”, una novela total?
“No, porque eso me tomó 10 años. Ya no tengo 10 años por delante”.
–¿Cree que en América Latina se esté intentando ese tipo de novela total?
“Si usted ve una novela como “En busca de Klingsor”, de Jorge Volpi, pues es una novela muy amplia, de gran respiración, totalizante. Eso no se pierde, son señales de camino que se erigen de tiempo en tiempo. “Rayuela”, “La guerra del fin del mundo”, “Cien años de soledad”, son obras largas y que señalan un hito en el camino para el autor, y para el lector también”.
–¿Ve sucesores del “Boom”?
“Hay muy buenos escritores, está Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Javier Velasco con “El diablo guardián”, que es una novela muy interesante, muy fuerte. Está Pedro Ángel Palau, un escritor muy fino, muy variado; está Cristina Rivera Garza. De manera que es una generación muy interesante y de muy buenos escritores”.
–Usted ha escrito muy hermosamente sobre la amistad y el amor.
“La amistad es el puente que nos permite pasar del hogar, de la familia, al mundo, es a través de la amistad que logramos ese pasaje. El amor lo definía aquí, el otro día, en un periódico inglés, The Independent on Sunday, como el más perfecto egoísmo compartido que se ha inventado. No puede ser totalmente uno –en una especie de egoísmo total– con la pareja, y eso es lo más bello que hay, no hay nada mejor en el mundo que eso”.
–¿Qué le dice a usted la palabra tristeza?
“Me dice muchas cosas. Me dice pérdidas de gente amada, sobre todo. Ahí radico la tristeza”.

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13 marzo 2006

VIVIENDO TOTALMENTE

"Los que dicen: "Estamos esperando una oportunidad", están siendo engañosos, y no engañan a nadie sino a sí mismos.
"La oportunidad no va a venir mañana.
"Ya ha llegado, siempre ha estado aquí. Estaba aquí incluso cuando tú no estabas.
"La existencia es una oportunidad; ser es la oportunidad.
"No digas: "Mañana meditaré, mañana amaré, mañana bailaré con la existencia".
"¿Por qué dejarlo para mañana? Mañana nunca llega.
"¿Por qué no ahora mismo? ¿Por qué posponerlo?
"Posponer las cosas es un truco mental; así mantienes la esperanza y entre tanto la oportunidad se te escapa de las manos. Y al final llegarás al callejón sin salida –la muerte– y no te quedará ninguna oportunidad.
"Esto te ha ocurrido muchas veces antes.
"No eres nuevo aquí, has nacido y has muerto muchas, muchas veces.
"Y cada vez la mente te ha jugado la misma mala pasada, y aún no has aprendido nada".
Eso fue lo que leí.

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12 marzo 2006

PALABRA DE MUJER

Qué bueno que su primer acto público hubiera sido en la pequeña localidad de Casablanca como una señal de que mirará más allá de las calles de Santiago. Qué bueno que encarne a la mujer casada, separada, conviviente y jefa de hogar. Qué bueno que haya convocado confianza a las fuerzas armadas, a las que asumió como parte del pueblo. Qué bueno que destacara la infancia y la tercera edad como segmentos sociales a socorrer en la realidad. Qué bueno que definiera su mandato como el de la inclusión, tanto del postergado como del emprendedor. Qué bueno que llamara a exaltar la memoria viva de sus antecesores como elemento de continuidad y fortalecimiento de la Democracia. Qué bueno que se desenvolviera sin acartonamientos en su primer día de mandato. Qué bueno que recibiera un amplísimo respaldo internacional con la presencia de pares y altos funcionarios en el día de su posesión. Qué bueno que también prometiera abrir las alamedas sin distinción. Qué bueno que anunciara un pacto de la sociedad y los gobernantes. Qué bueno que posesionara un gabinete paritario de género. Qué bueno que dijera que dice lo que piensa y hace lo que dice. Qué bueno. Palabra de mujer.

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11 marzo 2006

SHAKESPEARE O EL GENIO SECO DE NEW PLACE

Aprendiz de carnicero, maestro de escuela, cazador con halcones, emparentado con terrateniente católico y muchas cosas más y aún inéditas, William Shakespeare fue colaborador, modificador o autor de 38 obras teatrales, socio de la compañía actoral Chamberlain’s Men y escritor cortesano –contemporáneo de Miguel de Cervantes y Garcilaso de la Vega–, que vio secarse su genio a los 52 años en la soledad de New Place, pero antes había escrito estos cuatro sonetos:
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Cuando asedien tu faz
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
y ahonden surcos en tu prado hermoso,
tu juventud, altiva vestidura,
será un andrajo que no mira nadie.
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Y si por tu belleza preguntaran,
tesoro de tu tiempo apasionado,
decir que yace en tus sumidos ojos
dará motivo a escarnios o falsías.
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¡Cuánto más te alabaran en su empleo
si respondieras : –"Este grácil hijo
mi deuda salda y mi vejez excusa",
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pues su beldad sería tu legado!
Pudieras, renaciendo en la vejez,
ver cálida tu sangre que se enfría.
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Mira a tu espejo, y a tu rostro dile...
Mira a tu espejo, y a tu rostro dile:
ya es tiempo de formar otro como éste.
Si no renuevas hoy su lozanía,
al mundo engañas y a una madre robas.
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¿Quién es la bella del intacto seno
que tu cultivo marital desdeñe?
y ¿quién tan loco para ser la tumba
de un amor egoísta sin futuro?
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Tu madre encuentra en ti, que eres su espejo,
la gracia de su abril, su primavera;
así, de tu vejez por las ventanas,
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aunque mustio, verás tu tiempo de oro.
Mas si pasar prefieres sin memoria,
muere solo y tu imagen morirá.
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Quién creerá en el futuro...
¿Quién creerá en el futuro a mis poemas
si los colman tus méritos altísimos?
Tu vida, empero, esconden en su tumba
y apenas la mitad de tus bondades.
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Si pudiera exaltar tus bellos ojos
y en frescos versos detallar sus gracias,
diría el porvenir: "Miente el poeta,
rasgos divinos son, no terrenales".
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Desdeñarían mis papeles mustios,
como ancianos locuaces, embusteros;
"métrico exceso" de un "antiguo" canto.
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Mas si entonces viviera un hijo tuyo,
mi rima y él dos vidas te darían
para darla a la muerte y los gusanos.
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O viviré para escribir la losa...
O viviré para escribir tu losa,
o vives y en la tierra me he podrido.
Qué importa que yo caiga en el olvido
si en mi canto inmortal tu honor reposa.
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No morirá por mí tu fama hermosa
aunque yo al mundo moriré ya ido:
tú serás recordado y bendecido,
yo volveré a ser polvo entre la fosa.
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Cuando sean los que hoy viven sombra vana
mis estrofas serán tu monumento
que mirará generación lejana.
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Remota edad repetirá mi acento;
vivirás por mi pluma soberana
doquier se exhale un amoroso aliento.
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(Versiones Alfonso Martín y Alejandro Araoz Frazer)

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10 marzo 2006