28 febrero 2006

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS EN AGATHA CHRISTIE

En estos días vi en un canal por cable "Asesinato en el Orient Express". Leí la novela hace muchos años, gracias a mi hermana Amparo María, quien un día llegó con dos gruesos libros de tapas rojas, que contenían la obra completa de Agatha Christie, en fino papel de arroz y dotados de marcadores de cinta, como los misales.
Conmigo funcionó la hipnótica clave de la escritora británica, según la cual el suspenso se genera porque el detective no sabe más que el lector. Claro, solo hasta el momento en que el detective baraja sus deducciones, y uno queda suspendido en la sorpresa.
El formidable sabueso de la novela es el belga Hércules Poirot, un oficial de policía ya jubilado, dueño de un rostro circular y unos bigotes que copió Salvador Dalí, encarnado en el cine por David Suchet, Albert Finney y Peter Ustinov.
Más que por su estampa, Poirot destaca, como Sherlock Holmes, por su capacidad de análisis. En la historia del "Asesinato en el Orient Express" el detective de Agatha Christie (1891-1976) hace gala de ello, y, sin aspavientos, al final expone varias hipótesis del crimen: una, resulta obvia y está apegada a los hechos; otra, acepta las dudas, las dudas razonables; y por último, su propia percepción de los hechos.
Ninguna es garantía de nada, como en la vida real, porque la impunidad, que permanece agazapada, está siempre lista a saltar las barreras de la ley.
La señora Christie –cuyo nombre era Agatha Mary Clarissa Miller y tomó el apellido de su primer esposo Archibald Christie– aprovechó el renombre del Orient Express en aquella época, para usarlo como escenografía del monstruoso asesinato que ocurre ahí.
El Orient Express era entonces un lujoso tren –fabricado en Suiza en 1883– que hacía la ruta París-Estambul, con personalidades de alcurnia como las que protagonizan la novela, la cual narra que el expreso quedó atascado por una tormenta de nieve.
Al día siguiente, en una de las espléndidas literas, hallan muerto a un pasajero. Le habían asestado doce puñaladas. ¿Quién de los doce presentes pudo cometer acto tan brutal?
La trama, que lo mantiene a uno en vilo, está tejida –en los limitados espacios del vagón– con los interrogatorios de Hércules Poirot a cada uno de los singulares pasajeros, y, por supuesto, con las distintas hipótesis que surgen después de cada entrevista.
Es realmente fascinante ver actuar a Poirot en la difícil tarea de armar el puzzle para dar con el criminal. Y él mismo, después, explica su método de análisis: "Una vez que hube escuchado todas las declaraciones, me recosté, cerré los ojos y me puse a pensar".
Es decir, se puso a intuir qué había detrás de la obviedad de los hechos y de la duda razonable.
Y esa explicación no la piensa, sino que se la dice a los presentes. Además, les confiesa:
–Me llamó la atención particularmente la extraordinaria dificultad de probar nada contra ninguno de los viajeros del tren –porque todos tenían muy buenas coartadas.
–Pero entonces, señores, vi la luz –les suelta, y todos quedan tiesos; uno también.
Pero, ¿cuál luz, si no hemos visto nada?
Poirot expresa su extrañeza por la coincidencia de que todos estén relacionados con Armstrong, un prohombre estadounidense cuya familia fue destruida por el que ahora está muerto. Eso, resultaba "no solamente improbable, era imposible".
Y todos se miran entre sí.
–No podía haber casualidad, sino designio –remata Hércules Poirot.
Entonces uno se entera de qué fue lo que pensó Poirot, cuando se recostó y cerró los ojos.
Se sabe, pues, la manera cómo los doce elegantes pasajeros se pusieron de acuerdo para matar; porque todos tenían una razón para odiar al finado. Y en turno, cada uno le clavó el puñal.
Ya la primera hipótesis, la de un pasajero que lo mató y huyó, queda descartada. Aunque era buena, porque estaba sustentada en los hechos: un traje abandonado, una colilla de cigarrillo y un pedazo de papel; elementos hallados en la litera del muerto.
Este, a la sazón, era también responsable de la muerte de la hija de uno de los pasajeros –que estaba embarazada– y de su nieta. Y por boca de otro viajero sabemos que "murieron otros niños antes de Daisy", a manos de quien es cadáver, que había logrado saltar las barreras de la justicia y creía poder vivir, para siempre, en Europa, arropado de impunidad.
Antes que amilanarse por la revelación de Poirot, los presentes justifican el crimen. Uno de ellos, dice:
–La sociedad lo había condenado y nosotros no hicimos más que ejecutar la sentencia.
Esto es, ni más ni menos, que justicia privada; una patente de corso. Ciertamente, con ésta se elimina la impunidad, pero se ejerce al margen de la ley.
–Bien, ya lo sabe usted todo, monsieur Poirot. ¿Qué va usted a hacer ahora? –dice uno de los elegantes pasajeros.
Es cuando uno espera la voz justiciera de Poirot, y quizás que los señale con el índice, pues al fin y al cabo se trata de un asesinato. Pero esto no es lo que ocurre.
Antes bien, ya sin pudores, otro perfumado viajero, propone:
–La primera hipótesis es la verdadera. Sugiero que sea esa la solución que ofreceremos a la policía yugoslava.
Para este momento, un rompehielos acaba de abrir paso al Orient Express, el cual, desde luego, no puede llegar a la próxima estación con un cadáver, así como así.
A nuestro pesar, Hércule Poirot declara:
–Entonces, como ya he expuesto mi solución ante todos ustedes, tengo el honor de retirarme completamente del caso.
Y esta vez, ya no solamente es la trama de la historia lo que impacta, sino la convincente narración de que el fin justifica los medios.

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26 febrero 2006

LA INFELICIDAD DE BORGES

El Centro de Estudios y Documentación que lleva su nombre lo define como profundamente filósofo de la poesía y poeta de la filosofía. De su obra dice que constituye una poderosa geografía de gramáticas utópicas, bestiarios lógicos, matemáticas imaginarias y nostalgias geométricas. Estos poemas de infelicidad son de él: Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo.
.
He cometido el peor de los pecados...
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
.
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.
.
Ya no seré feliz
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
.
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
.
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
.
Ni siquiera soy polvo
No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.

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25 febrero 2006

HISTORIA DE AMOR DE LLACOLÉN

En Chile casi nadie sabe quién es César Octavio Müller, que nació y murió en Santiago (1907-1996), que fundó la revista Gong en Valparaíso, que sucedió a Pedro Lira en la Academia Chilena de la Lengua, que se casó con la filósofa Pepita Turina y que escribió, escribió y escribió.
Muchos encuentran en los libros la magia que él encontró en la realidad. Dijo de sí que "soy lo que me ha dado el paisaje y el paisano"; sin embargo, fue un infatigable investigador y un generoso descubridor de textos, mitos y leyendas.
Una parte apreciable de la memoria literaria y folclórica de Chile fue la que él dejó.
De Llacolén escribió. Un mítico personaje de la Octava Región, cuyo nombre denomina hoy el puente que cruza el río Biobío desde San Pedro de la Paz, y desemboca en Los Carrera, una avenida principal de Concepción, que recuerda a los hermanos José Miguel, Juan José, Luis y Javiera Carrera, líderes libertarios y disidentes del entonces presidente Bernardo O´Higgins.
Y si casi nadie sabe quién fue César Octavio Müller se debe a que siempre firmó como Oreste Plath. De Llacolén dijo:
En la Laguna Chica de San Pedro, agua y tierra india, vivía el toqui Galvarino con su hija Llacolén, joven princesa mapuche de belleza indiana. Era de largos cabellos castaños que se los batía el viento cuando corría en medio de la selva o el agua se los distendía al nadar en la laguna.
Era hija predilecta del gran toqui y la estirpe estaba latente en su gracia. Era arrogante su nadar y su espíritu pronto a estallar. El gran toqui un día pensó que la hija debía casarse y entró en conversaciones con el cacique Lonco, que tenía soltero a su hijo Millantú, mozo como de bronce y ancho pecho, que se había distinguido por su valor en varias batallas.
Ascendencia y linaje comprometieron a Llacolén con Millantú.
El orgullo y valentía de Llacolén se sintieron heridos por la elección de su padre, ella mandaba su odio y su amor. Le hubiera gustado ser elegida y no convenida. Pero ella acató la voluntad de su padre.
Mientras, el invasor era resistido en lo espeso de las selvas, y el choque se hacía violento entre espadas y mazas. La tierra se teñía de sangre de español e indio. La conquista se hacía recia y el mapuche indomable.
Llacolén veía partir a la guerra a los mocetones por lo espeso de la selva. Y en medio del bosque, como siempre, iba a nadar largas horas en la laguna. Allí esperaba y soñaba.
Un día fue vista por un apuesto y gallardo capitán español que a las órdenes de don García Hurtado de Mendoza se encontraba en las nuevas tierras. Vinieron las entrevistas y nació el romance. El amor los empezó a abrasar. Fue un amor que en ambos creció.
En Llacolén había surgido el amor anhelado, distinto de aquel impuesto por la voluntad de su padre y la tradición.
Un día en alas del viento llega la noticia de que Galvarino, en singular combate ha caído prisionero y que el gobernador García Hurtado de Mendoza había ordenado cortarle las manos para atemorizar a los indómitos hijos de Arauco. Dicen que Galvarino soportó serenamente el atroz suplicio y aún más, alargó la cabeza al verdugo para que también le fuese cortada.
Una vez terminado el castigo y puesto en libertad, amenazó a sus victimarios y corrió a juntarse con sus compañeros para excitarlos a la venganza. Estos lejos de escarmentar, al poco tiempo les presentaban batalla a los españoles, bajo el mando de Caupolicán y entre los combatientes de encuentra Galvarino, quien durante la lucha se batió valientemente a pesar de faltarle ambas manos, siendo después ahorcado junto con otros aguerridos en los árboles más altos de un bosque vecino al campo de batalla.
La hermosa Llacolén no supo entonces si amar y odiar a todos los invasores. La desazón y la duda la invadían. Con su alma atormentada y en la mayor desesperanza, fue a buscar la tranquilidad que le faltaba, en medio de la selva, junto a la laguna. La noche descendía con su oscuridad lentamente, como envolviéndola, como escondiéndola, hurtándola de su tragedia. Y apareció la luna.
La noche y la luna fueron rotas en su silencio de paz, de armonía espiritual. Al galope de su caballo llegó el capitán español, que con palabras de amor y consuelo quería ahuyentar todo pensamiento perturbador de la mente de la joven.
Mientras Millantú, desesperado, buscaba a su prometida. Guiado por el instinto y la selva, penetró en la espesura del bosque y dio con ella. Los celos y la traición de Llacolén hicieron presa en Millantú, y obligó al capitán a entrar en violenta lucha. La espada y la maza se cruzaron innumerables veces hasta que heridos de muerte, rodaron sobre la hierba los dos cuerpos sin vida.
La luna se abre paso a través de la maraña espesa y platea con sus rayos las aguas de la laguna. Trastornada Llacolén busca refugio eterno en las profundas y serenas aguas de la laguna.

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24 febrero 2006

CREATIVIDAD DIVINA

Extraje una del abanico del día, y leí: La creatividad es la cualidad que pones en la actividad que estás haciendo. Es una actitud, un enfoque interior: cómo ves las cosas...
No todo el mundo puede ser un pintor, tampoco hay necesidad. Si todo el mundo se convirtiera en pintor, el mundo sería muy feo; sería difícil vivir.
No todo el mundo puede ser un bailarín; tampoco hay necesidad. Sin embargo todo el mundo puede ser creativo.
Hagas lo que hagas, si lo haces gozosamente, si lo haces amorosamente, si el acto de hacerlo no es puramente económico, entonces es creativo.
Si debido a eso algo crece en tu interior, si te produce crecimiento, es espiritual, es creativo, es divino. Te vuelves más divino a medida que te vuelves más creativo.
Todas las religiones del mundo han dicho que Dios es el creador. No sé si él es el creador o no; sin embargo sé una cosa: cuando más creativo te vuelvas, más divino te volverás.
Cuando tu creatividad llega a un clímax, cuando toda tu vida se vuelve creativa, vives en Dios.
Así que, él debe ser el creador, porque la gente que ha sido creativa ha estado muy cerca de él.
Ama lo que haces.
Sé meditativo, mientras lo haces, sea lo que sea.

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23 febrero 2006

A PRUEBA DE FUEGO

Pasó tres días sin dormir. El más mínimo ruido la hacía levantarse entre las tinieblas y husmear por las cortinas de la ventana. Aún pensaba que algo malo podía ocurrirle.
Pero lo peor ya había pasado el martes anterior: la parte trasera de la casa, donde había instalado el taller de confecciones, a las 2:10 de la madrugada se había convertido en un miedoso torbellino de lenguas de fuego que lo convirtió en un montón de cenizas y hierros retorcidos.
Ella recuerda que golpearon con fuerza la puerta del primer piso, dando la alarma. Se asomó a la ventana y vio abajo a una pareja, y el resplandor de las llamas. Voló como una loca por las escaleras y en el taller se encontró con una pared de fuego.
Abrió el portón del garaje en un acto instintivo, y comenzó a arrastrar una a una las máquinas de coser. Alcanzó a mover tres, del total de cinco salvadas del fuego con ayuda de la pareja que golpeó.
Solo cuando llegaron los bomberos para hacer su trabajo, se dio cuenta del esfuerzo que había hecho, y de que andaba sin sus muletas.
Hacía apenas un mes había inaugurado el taller sin ahorrar pompa. Para ese día levantó una carpa en la esquina de la plaza Granfeldt, donde vive, y ahí puso a resguardo a los invitados de honor.
Los directores regionales del Servicio de Cooperación Técnica –Sercotec– y de la Corporación de Fomento de la Producción –Corfo– destacaron, al dirigir sus palabras ceremoniales a los presentes, el empuje empresarial de esta mujer salida de la nada.
El mérito bien valía ser destacado, ciertamente, pues además de su procedencia ella es una de las 168.433 personas en la Octava Región, entre los 30 y 64 años de edad que padece algún tipo de discapacidad.
Aquel día, apoyada en sus bastones, habló a la concurrencia con el corazón emocionado, y se sintió la persona más feliz del mundo. No era para menos. Había arañado sin cesar en la escasez, y parecía haber llegado el día de saborear el triunfo.
Pero la vida le tenía reservada una mala pasada. Otra más. Y esa felicidad habría de durarle solamente un mes, porque las llamas redujeron a escombros las seis maquinas Overlock para la terminación de las costuras, las bordadoras para hacer los logosímbolos de los clientes en cada prenda, y varias toneladas de géneros almacenadas.
La pequeña camioneta repartidora y cientos de kilos de harina de pescado y sacos de polietileno –con lo que ella redondeaba sus ingresos, porque Jacquelín Contreras aprendió a reconvertir hasta los desperdicios– también el fuego lo consumió.
¿Otra vez en la calle? ¡Oh, mi Dios! Era como si la desgracia constituyera su elemento natural, como si siempre hubiera tenido que vivir en el revés de la vida.
Y allí en el taller destruido, cuando los bomberos pudieron domar el fuego, aquella pareja que llegó a avisar del incendio y ayudó en el rescate, se despidió.
¿Pudo haber sido esa misteriosa pareja la que provocó la conflagración, y evitó cualquier sospecha ofreciéndose a ayudar? ¿Pudo haber sido la mujer del ex trabajador que se suicidó, y acudió con odio al lugar para burlarse de "esa coja"?
¿Quién pudo haber sido? Bajo este inquietante signo de interrogación queda, inclusive, la propia Jacquelín Contreras. ¿Por qué, no? Sin embargo, el incendio no le representaba el pago de ningún seguro y sería un acto irracionalmente autodestructivo.
Algo así no se aviene con ella, una permanente luchadora contra la adversidad. Pero todas las posibilidades caben para la Policía de Investigaciones, que ya asumió el caso. Quizás solo se trató de una chispa.
Nada de esto pensó Jacquelín Contreras, cuya robusta figura podía verse nítidamente a la luz del día que avanzaba, de pie ante las ruinas humeantes. Le dijeron que descansara un poco, pero ella se negó. Sentía que algo tenía pendiente aún.
Fue al segundo piso y entró al baño para darse una ducha y retirar el tizne que se le adhirió. Se vistió con ropa limpia y notó que la habitación estaba por completo tapizada de hollín.
Para entonces, habían llegado varias de sus empleadas que se ofrecieron a limpiar la casa, pasada a chamusquina y harina de pescado. Caminó con sus bastones ortopédicos hasta la cocina, también en el segundo piso, y se sirvió un té.
Entonces recordó lo que debía hacer. La semana anterior le habían encargado una casaquilla y la gorra correspondiente, para el jinete Víctor Henríquez, y la carrera era ese martes en el hipódromo de Concepción.
Bajó que se iba de bruces, y en una de las máquinas que quedó intacta, porque estaba en otro lugar, se puso a coser. Al final, le pareció que quedó muy bonita la casaca roja, con las mangas de blanco y naranja, y la gorra también anaranjada.
Fueron a las volandas a dejar el encargo, pero el jinete no quiso recibirlo. Adujo que era "mala cábala" ponerse algo que había salido de un taller quemado. Pero al final, aceptó.
Corrió la quinta carrera de la tarde, montado en Trincado, y ganó con el mejor handicap, como si fuera una señal para Jacquelín Contreras, de que también de este mal trance a sus 40 años, va a salir airosa.
Por ahora lo que más le preocupa es no tener una máquina Overlock para darle un buen terminado a las prendas. "Con eso, nomás", dice, "vuelvo a tirar para arriba".
Y mucho que la necesita, pues tiene que cumplir con los créditos adquiridos, y con los pedidos que ya le habían hecho.
"Todos, todos se han portado un siete", y explica que las municipalidades, los colegios y las entidades oficiales que han encargado a Confecciones Djacos sus uniformes, le han otorgado nuevos plazos para cumplir con las entregas.
Otro tanto han hecho los bancos Santander y Estado. Mientras, tiene que repactar los plazos con las casas comerciales Ripley y Falabella. Pero cumpliendo con los pedidos podrá sobreaguar. Por eso no está de brazos cruzados.
Es lo que el director de Sercotec, Mauricio Rebolledo, llama la "resiliencia", que define como "la capacidad de una persona para seguir proyectándose en el futuro, a pesar de acontecimientos desestabilizadores, traumas a veces graves y condiciones de vida difíciles".
Para él, la resiliencia es condición necesaria del emprendedor empresarial, quien suele encontrar un entorno difícil, que le exige sobreponerse si aspira a triunfar.
Y resiliencia es lo que le sobra a Jacquelín Contreras. "Vengo de la basura", afirma, y no es un decir. Se le anegan los ojos al recordar que competía con los perros por un resto de pan, o un trozo de sandía a punto de podrirse, en el basurero de Schwager.
"Tenía que llevarles algo de comer a mis hermanos", dice, "porque después de la muerte de mi papá, Lupercio Contreras, mi mamá, Julia Carrasco, nos abandonó para irse con otro hombre". Después apareció, con un hijo más, "y tomó a todos mis hermanos y se los llevó para Arica".
Julia Carrasco habría de encontrar su final en Arica. Primero se prostituyó, y después fue condenada y encarcelada 15 años y un día, por tráfico de drogas. Cuando le dijeron que al día siguiente saldría de la cárcel, quizás de la emoción esa noche murió de infarto al miocardio.
Sus hermanos "estaban en los puros huesitos forrados en el cuero", cuando Jacquelín Contreras los fue a buscar para hacerse cargo, incluido Claudio, el hijo de su mamá con el otro señor.
Ella, entre tanto, se había casado enamorada con David Henríquez Sandoval, con quien tuvo un hijo, José David, actualmente técnico en explosivos de la Armada, a quien le llegó la noticia del incendio en Viña del Mar, donde estaba en una especialización.
Siempre empeñosa, logró con el tiempo hacerse a un patrimonio vendiendo leña. El negocio fue, en realidad, idea de don Tiberio Fejjer, dueño de Papelera Carrascal, quien no solo le prestó 300 mil pesos, de capital inicial, sino que se volvió su cliente.
El viejo camión Ford-60 con que repartía los pedidos, lo tomó su esposo y chocó embriagado. Los árboles y postes que dañó, los tuvo que pagar Jacquelín a la muncipalidad de Santiago, además de la sanción de tránsito y el arreglo del vehículo.
Para ese momento, hastiada, ella le pidió la separación. Y el día que ella fue a elaborar los documentos con un abogado, su esposo robó el camión y huyó con una mujer.
Pero no se supo quién tuvo peor suerte, si él arrollando a un niño en Puente Alto, o ella pasando cinco días detenida –por ser la dueña del vehículo– mientras se aclaraba la situación judicial.
Lo cierto es que Jacquelín terminó por enamorarse de otro hombre, David Sandoval, con quien tiene un hijo de 13 años que ayudó en lo que pudo el día del incendio. Y este David resultó emparentado con el primer David.
Para completar las cosas, el primer David se alió con la ex esposa del actual David, y demandaron a David y Jacquelín de "adulterio", porque ninguno de los dos está al día con su respectiva separación.
El avenimiento al que finalmente llegaron dejó a Jacquelín, otra vez, en la calle. Fue cuando aprendió modistería, en los tiempos de la reconversión del carbón, en Lota. Muchas mujeres adquirieron máquinas de coser, pero también paulatinamente las fueron dejando de lado.
Entonces Jacquelín las compraba, a precio de ganga, y se hizo, poco a poco, a un grupo de mujeres y comenzó a echar para arriba. Pasó el tiempo en este proceso, y el año pasado fue inolvidable.
Se presentó al concurso "Fuerza de mujer", organizado por el Servicio Nacional de la Mujer –Sernam–, Sercotec y BancoEstado, y ganó, y descubrió en internet algo llamado ChileCompra, y su hijo menor la ayudó a inscribirse, y empezaron a llegarle más pedidos.
Tampoco tenía la más remota idea de la Corfo, gracias a la cual después obtuvo créditos para adquirir la casa y ampliar el taller de confecciones que en la madrugada del martes quedó convertido en un carbón.
Entre lo que perdió, había 100 mil sacos vacíos de harina de pescado, que ella convierte en pequeñas bolsas y vende a los detallistas del puerto para comerciar choros. Los restos de la harina, cuando compra los sacos, los acumula y después vende a una productora de alimento animal.
"Todo se aprovecha", dice, y que lo diga, porque los residuos de la confección también sirven para hacer guaipes, bien apreciados por los mecánicos.
Sin embargo, no ha podido aprovechar los momentos de bonanza para operarse la artrosis bilateral en las caderas, que se le desató con el nacimiento del hijo menor y poco a poco la ha ido minando hasta dejarla discapacitada.
Era algo que previó hacer este año, pero el incendio obliga un nuevo aplazamiento. Y no es que antes no lo hubiera intentado. En el 2003 tomó la decisión de operarse por el Fondo Nacional de Salud –Fonasa–, y pidió cita el 12 de junio.
Pero la hicieron regresar en un mes, y al mes le dieron nuevo plazo, y otro plazo más. Entonces el 16 de octubre se presentó en el Hospital Traumatológico de Concepción, y le dieron cita para dentro de 4 meses, es decir, por estas fechas.
Lo suyo, sin embargo, no es algo de ir y operarse. Jacquelín Contreras padece de sobrepeso. Y también de diabetes. Así que abandonar los bastones no parece que lo pueda hacer pronto.
Es de no creer, una sobre otra, tanta adversidad sobre una persona. Pero su resiliencia es a toda prueba. Pagará sus deudas, cumplirá los pedidos y podrá volver a darle trabajo a las 23 mujeres pobres del sector alto del puerto de Coronel, que el martes fueron a trabajar en la esquina de la plaza Granfeldt y se encontraron con un montón de escombros carbonizados.

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22 febrero 2006

UN CARNAVAL, POR FAVOR

Después de acusar al desprestigiado don Casimiro Marcó del Pont Ángel Díaz y Méndez, de ser el cruel responsable –en 1816– de que Chile no tuviera la posibilidad histórica de un carnaval –esa complicidad nacional de "ocultarse tras un antifaz para dar rienda suelta a los sentidos, hacer y decir lo que mandan los impulsos, como si de verdad todos valiéramos lo mismo"–, ella aventura unas palabras finales –a manera de percepción global– sobre su acuciosa exploración a lo largo del país vivencial.
En los apartes pertinentes, dice: "Encontré una sociedad más variada y compleja que la de hace unas décadas, en la que los esquemas del pasado no suelen calzar".
Entonces narra: "Hasta hace apenas unas décadas, los chilenos éramos muy poco ostentosos. Exhibir la fortuna era de mal gusto. Al comenzar el tercer milenio, la ostentación reemplazó sin pudor el recato tradicional. Mostrar lo que se tiene es signo de estatus. Hoy lo relevante es el consumo, y la identidad está más atada a los bienes que se pueden comprar que a la calidad personal.
"Este estilo de vida, marcado por el estrés, no debe ser ajeno a los índices de salud, que en distintas investigaciones muestran que nuestro ánimo no es el mejor. Uno de estos estudios advierte que un 36 por ciento de los chilenos ha tenido un desorden psiquiátrico en su vida y que uno de cada cinco lo sufrió recientemente.
"Los males más comunes son los trastornos ansiosos y afectivos, como la depresión, las crisis de pánico y el alcoholismo".
Sobre un reporte de ComunidadMujer en el que destacaba un optimismo entre las mujeres de Chile, ella considera que eso "no significa necesariamente una aprobación ciega al modo de vida que estamos llevando".
Modo de vida, no ya solamente de las mujeres sino de la nación entera, con el lunar de un "malestar difuso" que pareciera no concordar con "el progreso". Sin embargo, apunta que esa condición entre dos aguas: malestar y progreso, o viceversa, no es exclusivo de Chile sino un sentimiento planetario de "inseguridad e incertidumbre", descrito ya por Sigmund Freud en su análisis "El malestar de la cultura".
También añade ella, la periodista, que las señales culturales de las que la Fundación Ideas calificó de logro de los últimos 15 años, "son todavía difusas y contradictorias", y afirma que "más allá de la vigencia de un sistema electoral binominal que deja sin representación a muchos, el autoritarismo sigue vigente en nuestra esencia".
Y la colega periodista se adentra en percepciones aún más cardinales. Narra:
"En diciembre de 2004, el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, me sorprendió y me emocionó con sus palabras frente a los empresarios reunidos en la Enade. Antes de terminar su intervención, dejó a un lado los números y la macroeconomía para explicarle a la audiencia que le había tocado la "horrible tarea" de ayudar al Presidente respecto de las reparaciones del Estado para los 40 mil torturados, que estableció la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Los empresarios lo aplaudieron de pie y por largo rato. Una buena señal de que habíamos avanzado en el respeto al prójimo y en la construcción de una democracia sólida. Desgraciadamente, esa certeza tambalea cuando se descubre que un 30 por ciento piensa –según la tercera encuesta de Tolerancia y No Discriminación, de la Fundación Ideas– que si los políticos no se ponen de acuerdo, los militares deben ocupar el gobierno, o que cuatro de cada diez chilenos no cree que la democracia sea preferible a cualquier otro sistema de gobierno" –según Latinobarómetro, 2005.
Ella dice en sus palabras finales del libro "Chile: ¿de qué estamos hablando?":
"Una mayoría contundente sigue creyendo peligrosamente en verdades absolutas, en que se requiere de un jefe más que de discusiones entre pares o que para hacer bien el trabajo es indispensable que se nos indique exactamente qué y cómo debemos hacerlo".
La periodista Patricia Politzer evalúa, también, que "la idea de una mujer Presidente, sumada al hecho de que casi un tercio de los hogares tiene una jefa de hogar, puede llevar a engaño. Lo cierto es que en igualdad de género, las chilenas estamos muy por debajo de nuestras vecinas latinoamericanas, incluyendo la diferencia de sueldos en un mismo cargo. En el ranking elaborado por el World Economic Forum entre 58 países, ocupamos el lugar 48, después de Perú, Argentina, Uruguay, Colombia y Costa Rica".
Puntualiza: "¿No será hora de pensar en un carnaval donde –con o sin máscaras– todos se sientan tratados como iguales, sin considerar su riqueza, su religión, su color o sus ideas?"

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21 febrero 2006

LA ARISTA ANIMAL

Cuando menos curioso, aunque en realidad sorprendente, que un país obligado, hace apenas unas décadas, a racionar el consumo de carne por escasez, sea hoy un exportador respetado de este alimento en Japón y Estados Unidos.
Así, un país que pasó, en solamente la última década, de consumir menos de 20 kilos de pollo por habitante al año, a casi 30, y de 11 kilos de cerdo a 18, merece una mirada más de cerca, cuando menos de curiosidad, aunque en realidad de admiración.
¿De qué estamos hablando? De una transformación mental, una nueva actitud ante el mundo, que fue posible porque "nos creímos el cuento exportador", y además porque "tuvimos que cambiar el switch", tras lo cual puede exhibirse hoy un país distinto.
"En Chile, además de ser pobres y querer surgir, nos dimos cuenta de la ventaja de ser un país sano para la producción de alimentos. La gente quiere salud y nuestro aislamiento es una ventaja muy poderosa", explica el presidente de la Asociación de Productores Avícolas, Juan Miguel Ovalle.
Él, es otro de los personajes del interesante libro periodístico al que nos referimos en el texto anterior, de Patricia Politzer, donde se da cuenta de una arista más de la nacionalidad, poco menos que desconocida: la producción animal.
Allí, se refiere a las estrictas normas nacionales para proteger la sanidad animal, según las cuales, en Canadá o Nueva Zelanda, a los viajeros los requisan y les fumigan los zapatos, para evitar que la más pequeña de las larvas pueda entrar y dañar la flora o la fauna.
En cambio, dice Juan Miguel Ovalle, "si hiciéramos eso aquí, los chilenos se indignarían. Nos falta esa cultura. Aquí, si alguien trae un queso escondido se siente muy choro".
No es lo mismo para exportar, pues se tienen que atender las exigencias de los países compradores, muchos de los cuales privilegian a los países cuya producción sea cero needle, cero aguja, cero inyección de químicos que puedan dejar trazas con efecto para la salud humana.
Dice Juan Miguel Ovalle que, por esa razón, "para exportar a Estados Unidos se nos exige el bird by bird inspection, inspección ave por ave", ante lo cual anota Patricia Politzer:
Tengo la impresión de que instituciones como el Servicio Agrícola y Ganadero –SAG– no son lo suficientemente fuertes ni bien pagadas como para cumplir estas funciones tan determinantes.
–Efectivamente, tenemos un SAG muy deficiente, aunque ha cambiado mucho en los últimos cinco o seis años. Y eso pasa precisamente por no creernos de verdad la importancia de nuestro patrimonio sanitario. Yo soy partidario de un Estado chico, subsidiario; pero si tenemos un proyecto exportador, no podemos tener ni un SAG chico, ni una Aduana chica. Modernizar el Estado significa achicar o eliminar lo inútil y potenciar lo que es indispensable. No puede ser que un funcionario viaje a China apretado e incómodo, entre dos asientos de clase turista, y tenga que llegar a una reunión importante.
¿Ese funcionario debiera viajar en clase ejecutiva pagado por todos los chilenos?
–Nooo. Si es obvio que debe ser así. ¡Eso es un Estado moderno!
Volvamos al medio ambiente. Más allá de la medicación, criar animales conlleva un grado importante de contaminación.
–El caso de Celco –Celulosa Arauco y Constitución– fue una gran lección en cuanto a la sustentabilidad medioambiental. Más allá de la Conama –Comisión Nacional del Medio Ambiente–, de la legislación, de los estudios de impacto ambiental, los empresarios aprendimos que tenemos que preocuparnos de las externalidades negativas…
Perdón, ¿externalidades negativas se le llama a botar mugre al ambiente?
–Mire, nadie en el mundo sabe criar cerdos que no produzcan mierda y no tengan olor. En Holanda existe el mismo olor a chancho que acá. Lo importante es que exista un pacto social con la comunidad para asumir el progreso en conjunto. Si voy a producir electricidad en la cuenca del río Biobío, tengo que hacer una represa y el gringo al que le gustaba bajar con kayak no podrá hacerlo. Los europeos ya llegaron a sus 36 mil dólares de ingreso per cápita, y por eso pueden rechazar las apuestas medioambientalistas negativas, pero para nosotros son inevitables.
En definitiva –puntualiza Patricia Politzer–, lo que el cliente exige es un trozo de pollo o de cerdo, criado a lo príncipe y sin contaminantes. Para darle en el gusto, explica Ovalle, las empresas invierten cada día más en tecnología y capacitación. "El operario de hoy ya no es el obrero rotoso, es un chiquillo de 30 años que aprendió un oficio, que certificó su capacidad laboral, que entiende la importancia de aumentar la productividad".

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19 febrero 2006

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

El coronel Carlos Ojeda está asignado al Regimiento Reforzado Nº1 "Topater", en Calama, en la frontera con Bolivia y Argentina. Hace poco estuvo en París, estudiando Ciencias Políticas en La Sorbona. Escribió una tesis titulada "Desarrollo del sistema interamericano de defensa a la luz de las amenazas del siglo XXI", que aún debe ir a sustentar para graduarse.
Él es uno de los personajes que presenta la periodista Patricia Politzer en su reciente libro "Chile: ¿de qué estamos hablando?", el cual escribió para quitarse un cosquilleo incómodo que le provocaba el hecho de no coincidirle el país en cifras y el país vivencial.
Para entender el país había que recorrerlo, y después narrarlo. Eso fue lo que hizo, y el libro es, entonces, un mosaico multicolor en el que se refleja que "ya no somos los de entonces", y el que Astrolabio comparte acotadamente.
Patricia Politzer le hace ver al coronel Ojeda que llama la atención la contingencia de su tesis de grado, a lo cual él responde:
–Es que el sistema tiene sus falencias en la relación política que existe dentro del contexto americano.
Ella anota que los países latinoamericanos no son tan amigos para tener un sistema de defensa conjunto.
–Exactamente. El gran tutor es Estados Unidos y lo que no vaya con Estados Unidos, no corre.
De allí la importancia de la posición de Chile y del presidente Lagos frente a la guerra de Irak.
–Claro, una postura muy clara, independiente.
Si el conflicto no hubiese sido en Irak sino en Centroamérica, ¿Chile no habría podido tener esa independencia?
–La hubiese tenido igual. Seamos sinceros, muchos países estuvieron en contra de la invasión pero se hizo igual.
Es decir, Estados Unidos hace igual lo que quiere.
–Justamente.
¿Hay posibilidades de cambiar esa situación?
–En este momento, ninguna.
¿Y cuál sería el camino para nosotros?
–Debemos obtener una cierta independencia creando bloques dentro de América Latina para tener un contrapeso a esta gran potencia.
Me sorprende un coronel hablando con esa claridad respecto de Estados Unidos.
–Es que ha habido una evolución.
La política exterior la lleva el Presidente de la República. ¿Cómo se compatibiliza la subordinación militar al poder civil con opiniones que podrían ser discrepantes?
–Obviamente el Ejército no puede dar una opinión que vaya en contra de la posición del gobierno, pero no por eso uno no puede tener una visión de un problema.
Hoy muchos militares estudian en universidades europeas, antes solo iban a la Academia de Guerra de Estados Unidos a estudiar la doctrina de la Seguridad Nacional.
–Es verdad, pero no hay que engañarse, seguimos yendo a cursos netamente institucionales. A mí no me mandaron a estudiar Ciencias Políticas para instalar una empresa consultora sino porque estimaron que esta área del conocimiento era necesaria para el Ejército.
En los años 60 no había en el extranjero otra institución que la Academia de Guerra de los Estados Unidos para los militares chilenos.
–No. Uno es hijo de su tiempo, de su entorno, de la dinámica de la sociedad a la que pertenece.
Lo interesante es que el Ejército no está mandando a sus oficiales a empaparse de una sola y única doctrina.
–Justamente, esa es la gracia. Como somos seres pensantes dentro de una organización, aportamos lo aprendido, con los cambios que el hecho de salir afuera genera.
Los militares de hoy parecen más civiles.
–¡Pero si la universidad es completamente civil! Yo vestía de civil todos días.
Esta posición del Ejército, ¿tiene que ver con la visión del presidente Ricardo Lagos y su inserción en el mundo como una voz que ha sido escuchada?
–Yo diría que sí, absolutamente.
Está entusiasmado con el Ejército que le toca vivir.
–¡Sin duda! Pero no es el centro de mi vida. Eso es mi familia.
Suena poco militar.
–Esa es la visión de afuera, que los militares somos súper cuadrados, súper cerrados, duros…
Pero hasta hace poco eso no era una visión de afuera sino la realidad militar.
–No creo. No digo que no me dedique de lleno a mi profesión. Cuando uno es soltero, el 90 por ciento del tiempo podrá dedicarlo a ejercer su carrera. Hoy mi razón de vivir son mis dos hijas y mi señora.
¿Otros oficiales piensan igual en este tema?
–Creo que sí. Uno trabaja para vivir, no vive para trabajar; eso es poner la carreta delante de los bueyes.
Insisto en que esa no es la visión habitual, es bien poco masculina y más aún viniendo de un militar. Aún cuesta encontrar hombres que piensen así, incluso en la sociedad civil.
–Sin conocer a fondo la sociedad civil, la veo tan competitiva que quizás el asunto es al revés. Uno conversa con la gente del mundo civil y ve que tiene el trabajo metido hasta la médula de los huesos. Hay una competitividad, un esfuerzo y un materialismo que los lleva a dedicarse ciento por ciento al trabajo, tanto mental como físicamente. En el Ejército uno tiene muy claro que debe ser capaz de entregar la vida y cumplir la misión para la cual se ha preparado. Pero sinceramente eso no significa hacer abstracción de la vida familiar por sobre le tema profesional.
Quizás se puede dar ese lujo porque estar en el Ejército significa tener un trabajo muy protegido, con un patrón bien especial.
–Sin duda. Valoramos a cada uno de nuestros camaradas, porque sabemos que eso es lo que nos va a permitir cumplir nuestras tareas.
En el mundo civil hay mucha inseguridad, si uno es ineficiente lo echan…
–Aquí también…
¿Dónde está la diferencia entonces?
–Que afuera no le preguntan a uno qué le pasa. Aquí hay muchos pasos previos. Afuera, ¿cuántos jefes saben cómo se llama la señora, dónde vive, qué problemas tiene?
Cuando los jefes son mujeres, la mayoría lo sabe.
–Usted se refiere a un concepto femenino de sensibilidad, pero seamos honrados: en la empresa lo que interesa es que el hombre produzca diez. Nosotros tenemos toda una estructura que apunta a la formación integral del hombre. Perdone, no quisiera comparar, pero somos más preocupados.
¿Hay un cambio de la imagen del general Pinochet en el último tiempo dentro del Ejército?
–Después del asunto de las cuentas, sí. Claramente hubo un cambio de percepción.
Las violaciones a los derechos humanos se justificaban con algún bien a la Patria, pero es más difícil suponer fines altruistas con cuentas secretas en el banco Riggs.
–El nunca más quedó claro con los derechos humanos, que era injustificable bajo ningún punto de vista; pero en cierto modo se trataba de una situación por ambos lados.
¿Realmente el Ejército no ha podido hacer más por la verdad en los casos de detenidos desaparecidos?
–El Ejército entregó toda la información que tenía. Suponiendo que alguien tenga alguna información, ¿qué herramientas tiene el Ejército para obligarlo a entregarla? No se dan las condiciones en los procesos judiciales para llegar a una solución. La persona debe pensar: ¿y para qué voy a decir algo si nada me asegura algún beneficio por hablar?
¿No le remorderá la conciencia?
–Hay muchas personas que hacen cosas en la vida y que las tienen calladas. Quizás todos los días les remuerde la conciencia, pero llevan su karma no más.

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18 febrero 2006

LA OFRENDA

He aquí la ofrenda. El cogollo del árbol que será, en cuyas ramas morarán los sueños de sus nidos cotidianos. He aquí el fruto de las entrañas de la vida, la chispa del incendio en las praderas del amor, en cuyo fuego se zurció el más delicioso momento, lanzado ahora, como una roca de honda, al blanco de lo que habrá de ser. Y que sea fuerte como el agua, tú. He aquí la loca aventura de un par, la barca que ondula en el piélago de la existencia, cuya vela hincharán los vientos de la rosa náutica. He aquí el presente en tus futuras manos, tú. El muchacho que andará y desandará, tal vez azaroso, manchado de culpas, quizás, abriéndose camino en pos de una luz, puliendo su corazón en las aristas de la vida social, ardoroso alumno de la educación sentimental, tan blando como el sauce, tan fuerte como el bambú. He aquí la ofrenda, tú. Enséñale a amar.

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17 febrero 2006

SEIS ENSUEÑOS

Seis cantos. Seis amores. Seis vidas. Seis historias. Seis mujeres. Seis tiempos. Seis almas. Seis euforias. Seis sensaciones. Seis derrotas. Seis lamentos. Seis caminos. Seis ofrendas. Seis espacios. Seis miradas. Seis rostros. Seis caderas. Seis victorias. Seis liras. Seis ensueños. Seis reflejos.
.
Quiero morir si de mi vida no hallo...
Quiero morir si de mi vida no hallo
la meta del misterio que me guía,
quiero morir, volverme ciega y fría
como la planta que fulmina el rayo.
Si lo que ansío decir es lo que callo,
y si he de aborrecer lo que quería
sin asco y sin vergüenza hasta este día,
si todo lo que intento es mero ensayo,
será porque he vivido de mentiras.
Por no morir quiero morir. El viento
que suena entre los muros con sus liras
o el hibisco bermejo, o el fragmento
de la luna, siempre algo, hasta mi queja,
me deslumbra y me deja más perpleja.
SILVANA OCAMPO
.
Soy
Soy suave y triste si idolatro, puedo
bajar el cielo hasta mi mano cuando
el alma de otro al alma mía enredo.
Plumón alguno no hallarás más blando.
Ninguna como yo las manos besa,
ni se acurruca tanto en un ensueño,
ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,
un alma humana de mayor terneza.
Muero sobre los ojos, si los siento
como pájaros vivos, un momento,
aletear bajo mis dedos blancos.
Sé la frase que encanta y que comprende
y sé callar cuando la luna asciende
enorme y roja sobre los barrancos.
ALFONSINA STORNI
.
El lunático
El sol adormecido en las brumas se aleja
y como un astro muerto yace mi pasión;
la noche a lo largo del muelle se refleja;
mi viejo corazón es un Rey sin razón.
Cada ser de una rueda es el eje que gira,
cae, ofrenda y afrenta, en el yunque el dolor;
los rostros grises son una espuma que tira
la marea del asfalto y la luz sin color.
¿Dónde estamos amor? ¿Sí es verdad que estamos?
La luna se esconde cuando nos acercamos
al borde de los techos huecos de metal.
Y el ojo blanco por las calles todavía
envidia el resplandor fijamente glacial
Del astro que murió antes de abrir el día.
MARGUERITE YOURCENAR
.
Podría estar más sola
Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.
EMILY DICKINSON
.
Disyuntiva
La tentación se llama amor
o chocolate.
Es mala la adicción.
Sin paliativos.
Si algún médico, demonio o alquimista
supiera de mi mal
cosa sería
de andar toda la vida por curarme.
Pues tan sólo una droga,
con su cárcel
del olvido me salva de la otra.
Y así, una vez más, es el conflicto:
O me come el amor,
o me muero esta noche de bombones.
JUANA CASTRO
.
Barajando recuerdos
Barajando recuerdos
me encontré con el tuyo.
No dolía.
Lo saqué de su estuche,
sacudí sus raíces
en el viento,
lo puse a contraluz:
Era un cristal pulido
reflejando peces de colores,
una flor sin espinas
que no ardía.
Lo arrojé contra el muro
y sonó la sirena de mi alarma.
¿Quién apagó su lumbre?
¿Quién le quitó su filo
a mi recuerdo-lanza
que yo amaba?
CLARIBEL ALEGRÍA

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15 febrero 2006

CADA DÍA ES UN MILAGRO

CADA DÍA ES UN MILAGRO
La pesadez cerró sus párpados y le hizo inclinar ligeramente la cabeza adormilada sobre uno de sus hombros. Nadie sabrá jamás lo que Ericos Erickson Paterson soñó en aquel momento.
Quizás fue con el día en que llegó a la casa y vio que otros –como él ahora– estaban sentados en cómodos sillones a lo largo del corredor. Y parecían pensativos.
Ericos sintió que todos los años de su vida empezaron a pesarle más de la cuenta, y una flaccidez lo derrumbó. No es que estuviera enfermo, porque nada le dolía, sino viejo, tuvo que reconocer.
Porque eso es la vejez –le explicaron–, un desgaste natural del organismo que ya no responde a sus deseos, ni a otros estímulos externos, con la misma presteza de otros tiempos. No una enfermedad.
Ericos Erickson Paterson quería, sobre todo, llegar dignamente al ineludible estado que a todo ser humano llena de miedo y ansiedad: la muerte.
Esta fue la razón por la que llegó aquel día a la casa, y se instaló en el pabellón de los hombres, al otro lado de la capilla que separa el ala donde están las mujeres.
Muchas de ellas tenían más edad que él, y se valían por sí mismas, lo cual lo motivó. Petronila Carrasco pronto cumpliría 105 años, y todos los jueves salía de la casa con su hija María Angélica Santacruz, sin siquiera usar bastón.
También se enteró de la misma pobreza suya en que todos vivían antes de llegar a la casa, donde fueron sin embargo acogidos sin prácticamente ningún pago.
Ciertamente, la razón de ser de la casa es la necesidad de ayuda que tienen los ancianos pobres, que en su entorno pueden ser considerados un estorbo. Esa es la verdad.
Sin otro auxilio que la vocación de servicio, la casa se sostiene con el mismo espíritu con que fue fundada en Saint-Servan, Francia, por allá en 1842 por Juana Jugan.
Esta mujer sería el baluarte de lo que devino en "Hermanitas de los pobres", cuya obra en favor de los ancianos pobres se ha expandido en silencio. Y es la "cuestación" –petición de limosna con un fin piadoso–, amparada por san José, el padre de Jesucristo, lo que la sostiene.
"A san José se le pide, y él se pone", dice la madre Blanca Libia Cifuentes Najar, de la casa ubicada en Angol con Manuel Rodríguez.
Y no es un decir. Cada día es un milagro a los ojos del mundo. Sin apoyo financiero del Estado o la Iglesia, san José provee a las hermanitas de lo que necesitan los ancianos.
Ellas, ponen su fe en la petición de fideos, sal, papas, carne y zapallo a los pies de san José, y eso es lo que comen ese día.
San José tiene el rostro del buen dador. Y, por san José, son varias las personas que, afortunadamente, hacen posible tener en las mejores condiciones a los casi 60 ancianos y ancianas de la casa de Angol.
En realidad "todos se ponen", como san José. Desde los comerciantes de la Vega Monumental hasta las doctoras Carmen Martínez y Danitza Cabrera, reconocidas en la Octava Región por su talento médico, quienes todas las semanas van, sin falta, desde hace varios años, a ofrendar su trabajo en favor de los ancianos pobres.
Y como ellas, hay otros que aportan su trabajo para el milagro diario de permitir que esos ancianos tengan una existencia digna al final de sus vidas.
Pensando en darle estabilidad a la ayuda que se necesita y canalizar los esfuerzos, Silvia Vásquez y su esposo Manuel Amigo se constituyeron en laicos comprometidos para integrar una asociación en el 2002.
Hoy cuenta con 11 socios que se imponen un plan de trabajo, asumen el carisma de Juana Jugan y disponen de su tiempo y conocimientos para que estos ancianos pobres no vean llegar la muerte en medio de la indigencia.
También hay residentes que se convierten en voluntarios, como Irma Sagal, de 60 años, quien llegó hace 10 a la casa porque había quedado sola y con achaques, y tras recuperarse ahora atiende a sus compañeras.
Lo hace, porque no todas se valen por sí mismas. Honoria Arellano, con 102 años, aunque no usa bastón es una de las que requiere que la ayuden a desplazarse de un lugar a otro.
Honoria se ha vuelto como una niña. Menciona con afecto a su padre, "a mi papito", como si la estuviera esperando en la puerta de la casa, y juguetonamente se presenta como "Honoria Arellano Reyes León, con 102 años y sin pretendientes".
Ella es, como las demás ancianas de esta casa, una mujer afortunada. Lejos del abandono a que fue sometida, por sus hijos y en su propio hogar de Peñalolén –Santiago–, Dina Enriqueta Ortiz Montes.
Dina Ortiz –una profesora de inglés jubilada– debió ser rescatada por el Servicio Nacional del Adulto Mayor –Senama–, en grave estado de desnutrición, sumado a un daño neurológico.
Cuando la sacaron de ese lugar, pesaba 29 kilogramos a sus 69 años de edad. De acuerdo con el Senama, unos 10 mil viejitos viven desamparados y en la más absoluta soledad, a lo largo del país.
En cambio, afortunado como Honoria, Arturo Birke Villarroel llegó hace 15 años a la casa y hoy tiene 85. En su adolescencia conoció la casa, cuando soñó con ser sacerdote. Pero entonces habría de descubrir que no tenía las suficientes aptitudes ni vocación.
"Entonces, para no ser un mal cura, preferí ser un buen cristiano", dice con firme voz, sentado en un sillón al lado de su cama, donde debe permanecer la mayor parte del día, "porque esta artrosis me tiene embromado".
La vocación, esa inspiración con que Dios llama al servicio al prójimo, también escasea en estos tiempos en la congregación de las Hermanitas de los pobres, reconoce la madre Blanca Libia.
Ella tuvo su inspiración cuando era una adolescente en Bogotá, Colombia, y conoció esta obra misericordiosa. Decidió postularse, y después hizo el noviciado para convertirse en hermanita y ser hoy la superiora de "Mi casa".
Pero "faltan hermanitas" –dice– "particularmente chilenas". Es cierto. La mayoría de las 11 hermanitas que llevan sobre sus hombros los requerimientos de la casa en Angol, son colombianas, y las otras argentinas y españolas.
Las Hermanitas de los pobres llevan una vida contemplativa de oración, pero al mismo tiempo activa, para la cuestación y el cuidado de los ancianos. Por ahora, son 60 las hermanitas en todo Chile.
No se necesitarían más si no fuese apremiante la necesidad de ayuda que tienen las personas mayores, una población que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas –INE– va rápidamente en aumento.
Esta es la razón por la cual se aprecia tanto la labor voluntaria de personas como Adriana Quilodrán, docente de Geriatría, quien clasifica la atención a los ancianos en dos categorías: la que se ofrece a quienes viven el natural deterioro psico-orgánico por la edad, y a quienes sufren de alguna patología, como artrosis, secuelas de accidentes vasculares cerebrales o Alzheimer.
De acuerdo con determinada condición, los viejos son autovalentes o dependientes, pero en cualquier caso requieren estar al cuidado de alguien responsable.
El sacerdote secular Jorge Herrera González, de 81 años, vivió ese estado dependiente a causa de una hemiplejía, que le desfiguró el rostro y afectó algunas funciones motoras. Pero en este momento se recupera y es autovalente.
Hijo de un inspector de caminos y una dueña de casa que tuvo 16 hijos, el padre Herrera es hermano de otros 6 sacerdotes y 3 monjas, y sigue impactado por el terremoto del 60, "con el que se hundió Chile desde Arica hasta Punta Arenas".
A él, lo sorprendió en Schwager el movimiento oscilante que tuvo el fenómeno telúrico, "y después todo se hundió", recuerda. "Saltaban los pedacitos de estuco de todas las paredes y el mar se metió a todos los piques de la mina".
Hace 5 años está en la casa, y él cree que lo está de paso solamente. Se ocupa, como un Sísifo, de destejer la ropa de lana que les regalan a las hermanitas, para después tejer tapetes y cojines.
No le dan ganas de salir, aunque pudiera hacerlo a cualquier hora de día, siempre que lo informe. Porque la casa no es para él un encierro sino un refugio, un lugar de cuida. De la misma manera que para el resto de ancianos.
Ellos han llegado pobres a ese estado de desgaste del organismo. Y es difícil aceptar las limitaciones que esa condición conlleva. Pero, sobre todo, paliar la enorme angustia que produce la certidumbre de estar solos para recibir la muerte.
Y sin angustia, como la recibió a sus 89 años Ericos Erickson Paterson, cuando se sentó, después del almuerzo, en el mismo sillón que lo hizo el día que llegó a la casa. Y una pesadez lo obligó a cerrar los ojos, y quedó sumido en ese sueño profundo que es la cesación de la vida.
J.S.A.

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14 febrero 2006

PARA SEGUIR EL CAMINO

Abraza la paz interior con corazón decidido.
Cuando todas las cosas se agitan a la vez, solo contemplo el retorno.
Para florecer como lo hacen, cada una de ellas retornará a su raíz.
Retornar a su raíz es encontrar paz.
Encontrar paz es realizar el propio destino.
Realizar el propio destino es ser eterno.
A conocer lo eterno se le llama visión.
Si no se conoce lo eterno, se sume uno ciegamente en la desgracia.
Si se conoce lo eterno, todo se puede comprender y abarcar.
Si se puede comprender y abarcar todo, se es capaz de hacer justicia.
Ser justo es ser como un rey; ser como un rey es ser como el cielo.
.
Lao Tse
(Versión John C. H. Wu)

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13 febrero 2006

INTENTO DAR ALGO DE MÍ

Esta semana será puesta en librerías la novela "La segunda mujer", de la española Luisa Castro, que se impuso sobre otras 368 en el reciente y codiciado premio Biblioteca Breve 2006, anunció la editorial Seix Barral.
La historia se resume así: un hombre de 57 años se enamora de una joven que lo acepta después de superar sus temores. La insolencia de ella, que lo cautivó, comienza a volverse una amenaza. ¿Hasta dónde llegará el amor?
Se trata del invisible paso del amor al odio, en un texto, dicen, de sobresaliente literatura realista.
Aunque poco conocida en esta parte, no es el primer premio que gana Luisa Castro, nacida en Foz –Lugo– en 1966, y licenciada de Filología Hispánica en la Universidad Complutense.
En 1986 ganó el premio Hiperión con el libro de poemas "Los versos del eunuco"; en 1990 ganó el premio de poesía Rey Juan Carlos con el libro "Los hábitos del artillero", y fue finalista del premio de novela Herralde con "El somier"; en el 2001 ganó el premio Azorín de novela con "El secreto de la lejía", y en el 2004 el premio Torrente Ballesteros con el libro de cuentos "Una patada en el culo".
Valga una aproximación a la escritora, mediante extractos de conceptos suyos durante un conversatorio por internet con sus lectores:
"Soy una escritora modesta, sólo me enfrento a aquello que directamente me hace pensar. Empecé a escribir leyendo a gente como Camilo José Cela, Emilio Ferreiro..., luego descubrí a Herman Melville, Rilke, Yeats.
"¿El secreto mágico de la literatura? Ufff. Sólo trabajar. No ser capaz de hacer otra cosa. Y trabajar desde las ideas que verdaderamente me han hecho pensar y me han obligado a transformarme. Todo aquello que lucha contra mí. De eso escribo yo.
"El único atrevimiento que me seduce e invita a pensar y a escribir, es el atrevimiento de la libertad individual. Hay poco espacio para la expresión de la subjetividad. Es un trabajo que está a caballo entre la expresión artística y la sinceridad.
"Me espanta tocar palabras muertas, ideas baratas. Me inspiro en lo que me importa.
"Creo que escribo con la esperanza de que mis libros no caigan en vacío. Cada libro, para mí, es un regalo. Creo que cuando leo es eso lo que espero, que el escritor me de algo y, como escritora, es lo que intento hacer, dar algo de mí.
"Yo creo que el psicoanálisis es lo contrario a la literatura. La literatura sirve, precisamente, para darnos cuenta de que no vale de nada pretender entenderse a uno mismo, cuando lo más bonito es entender a los demás.
"Uno nunca importa nada. Sólo cuando intentamos contar, explicar a los demás, podemos llegar a la hermosura y a la honestidad de contarnos a nosotros mismos.
"A mí me da pena que los escritores tengan que hacer de políticos. Me gustaría que los políticos hicieran bien su trabajo y los escritores el nuestro.
"No tengo un libro que esté muy por encima de ningún otro. Quizás, si tengo que decir uno que me ha impactado, diría los Sonetos a Orfeo, de Rilke. Toda la obra de Rilke, en realidad.
"No es mi intimidad la que revelo en lo que escribo, es la intimidad de todos. No me desnudo yo, desnudo a los demás, es lo que pretendo. Mi vida no me pertenece. Si creyera eso no escribiría.
"Un poco sí, de incesto en "El somier". Me encanta dormir junto a mi padre. Lo sigo haciendo, es un ejercicio que recomiendo, de calor, de humanidad.
"El amor es lo que nos han enseñado que sea. Y eso es lo que me preocupa. Creo, en contra de esto, que el amor debe ser una construcción personal. Mi amor lo mido con cuentagotas".

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12 febrero 2006

CONTINENTE CASI PURO

En aquel lugar los anocheceres pueden ser verdes, la tierra y cielo forman un mismo espacio de pálido lapislázuli pulverizado, y en los veranos el termómetro registra decenas de grados centígrados bajo cero.
Desde aquel lugar nos llegó, por allá en los años ochenta, la noticia aterradora de un agujero en la capa de ozono, que producía el mismo efecto de calentamiento que un invernadero, lo cual amenaza nuestra vida en el planeta.
Científicos estadounidenses aseguraron hace un par de años haber hallado, en aquel lugar, una roca negra de poco menos de un kilogramo de peso proveniente del planeta Marte.
Aquel lugar queda al sur del sur, y es un colosal casco de hielo que respira y se transforma a diario, llamado Antártica.
La vieja estación de investigaciones metereológicas y atmosféricas, desde donde se dio la voz de alarma sobre la tenebrosa claraboya en el cielo, amenaza con desaparecer en medio de los hielos en el 2010.
En 10 meses empezará la construcción de una nueva estación, la Halley VI, a un costo de 35 millones de dólares, en la que vivirán 59 personas. El arquitecto británico Hugh Broughton, ganó el concurso para su diseño, que consiste en varios edificios envueltos en plástico –reforzado con vidrio–, con conexiones de goma flexibles y empotrados en unos zapatos que permitirán moverlos si resulta necesario hacerlo.
La BBC creó un blog para Hugh Broughton, en el que escribió el 5 de febrero: "Al vivir en la base Halley –durante el verano– es difícil recordar que uno se encuentra en la Antártica. Cuando llegamos aquí me impresionó el frío, el aislamiento y la extensión de la blanca plataforma de hielo que nos rodea. Dos semanas después ya me encuentro inmerso en las rutinas diarias y semanales de la estación, casi sin percatarme de lo remoto de nuestra situación".
Aprovechando los "comments" de la bitácora, Ángel Cruz –entre otros– le preguntó desde Perú por qué no construir la Halley VI en tierra firme, en lugar de hielo flotante. Broughton respondió: "Porque es un lugar ideal para estudiar la interacción entre el Sol y la Tierra. Esta investigación es crucial para entender el calentamiento global".
Y desde Dinamarca, Paola Saavedra inquirió si la propia construcción de Halley VI representaba un riesgo de daño al hielo antártico, a lo cual Broughton dijo: "Sí. Pero esto está muy controlado por el Tratado Antártico. Esto es algo que tomamos muy en serio, porque la Antártica es el único continente que queda en un estado casi puro, y hay que hacer todo lo posible para conservarlo así".
Yo le acabo de preguntar a Hugh Broughton a qué distancia quedará Halley VI del Polo Sur, y del primer enclave humano, haciendo click aquí.

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11 febrero 2006

LA DANZA DE MEERA

Lo que se cuenta es que en una región de la India donde las mujeres andaban embozadas la realeza se sintió desgraciada porque su reina comenzó a bailar sin sari en las calles, y a cantar las más hermosas melodías provenientes de su corazón, y su marido el rey la expulsó. Ella fue y bailó a las puertas del templo a Mathura, que los guardias franquearon para desgracia del sacerdote que en 30 años se había privado de la visión de una mujer.
–¿No sabes que no está permitido que entre ninguna mujer? –dijo el sacerdote.
–Entonces sal tú –replicó Meera– porque excepto Dios todas son mujeres.
Lo que se enseña con esta historia es que nada se tiene que obtener de hombre alguno sino dar, sin limitaciones. Dar en danza y canto hasta la última gota de lo que hacemos con amor, pues no de otra forma el ser saldrá realizado: transitar primero las alegrías y desgracias del amor humano, y dejarse madurar, para que entonces lo imposible pueda suceder. Oshoclick lo expresa de esta manera:
"La devoción es un modo de mezclarse y fundirse con la existencia. No es una peregrinación; simplemente es perder todos los límites que te separan de la existencia: es una historia de amor. Amar es mezclarse con un individuo, la profunda intimidad de dos corazones; tan profunda que los dos corazones empiezan a bailar la misma armonía. Aunque los corazones son dos, la armonía es una, la música es una, la danza es una. Lo que es el amor entre los individuos, es la devoción entre un individuo y la totalidad de la existencia. El individuo baila en las olas del océano, baila en los árboles que bailan al sol, baila con las estrellas. Su corazón responde a la fragancia de las flores, a las canciones de los pájaros, a los silencios de la noche. La devoción es la muerte de la personalidad. Abandonas voluntariamente lo que es mortal en ti; sólo queda lo inmortal, sólo queda lo eterno, lo que no conoce la muerte. Y naturalmente eso que no muere, que siempre sigue adelante, que no conoce principio ni fin, no puede ser separado de la existencia. La devoción es la forma más elevada de amor".

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10 febrero 2006

SIMPLE ARTE

Con igual fuerza con que algunos luchan por más densidad en su escritura, otros lo hacen por mayor simplicidad. El resultado de los contenidos queda por verse.
Creo que a ambos grupos los diferencia la manera de valorar las palabras, y me aventuro a pensar que en el primer caso hay una suerte de desgaste de ellas, que se pretende contrarrestar por acumulación. En el segundo, se busca la médula de ellas.
Pero en tanto expresión artística, la evaluación y, por supuesto, el gusto por uno y otro queda a merced del lector.
Me inclino porque es más compleja la simplicidad: es el zumo.
No siempre bien elaborada ni valorada la simplicidad, en razón de que los códigos del lector pueden no ser coincidentes con los del autor. O también puede ocurrir que el autor cree poder transferirlos, sin lograrlo.
No es nuevo el empeño de ir a lo elemental para enlazar lo trascendental. Varios siglos antes de Jesucristo comenzaron a intentarlo los poetas japoneses, en una estructura que se denominó haiku. De acuerdo con los estudiosos fue el legendario Matsuo Bashôclick quien logró elevar esa forma a la categoría de arte, por allá