30 noviembre 2005

CEREMONIA

Mamá recorrió la casa mascullando retahílas ininteligibles, desnuda bajo esa enorme manta de seda púrpura que acostumbraba vestir para la ocasión.
–¡Te ordeno que regreses!
Sabía que ahora flotaba su cabellera y su voz golpeaba una y otra vez.
Desde mi involuntario aislamiento movía la cabeza diciendo, "No, mamá, no".
Ella volvía a exhortar con los brazos en cruz.
Al rato pude ver que todos rodeaban la escudilla, llena de un líquido tumultoso, burbujeante.
Mamá había invocado un lacerante recuerdo.
Todos guardaban silencio.
De pronto, alguien sollozó; hasta cierto punto algo había ocurrido a partir del otro lado de la mampara. Unos pasos se desvanecieron finalmente.
Mamá se tendió sobre el edredón, exhausta, sin sentido.
La noche había entrado a reposar de nuevo.

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AUTOPSIA

Cuando la hallaron no presentaba signos de violencia y era avanzado su estado de putrefacción.
Cuando el forense indagó con la luz entre las carnes azulencas de su vientre, el sapo quedó perplejo en el fanal.
Cuando al verse descubierto el sapo intentó brincar, el forense lo atenazó.
Cuando le preguntaron al galeno por la causa de su deceso, se encogió de hombros.

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29 noviembre 2005

¿BOTAR EL VOTO?

Francamente no estoy muy seguro de la utilidad del voto en blanco, del voto nulo y del voto ausente –la abstención–. Confieso que en el pasado pude haber tenido otro alambique dentro del cráneo por el cual hubiera tenido cierta admiración por ese tipo de expresiones.
Por definición el voto es un derecho. Es decir, una facultad que el individuo ejerce. En lo que se comenta, el derecho de elegir a otra persona para que ocupe un cargo. No vienen al caso las elecciones privadas, de un Directorio de empresa, por ejemplo. Se habla de las que se realizarán en diciembre y enero.
Si aplicamos el derecho al voto, ¿podemos hablar de derecho blanco, derecho nulo y derecho ausente? La respuesta a la pregunta es una bofetada, en el sentido de que las calidades del voto, al momento de ejercer el derecho de esa manera, se esterilizan.
Algo así como una bicicleta sin ruedas.
Porque, ¿a quién beneficia el voto blanco, el nulo y el ausente? Ciertamente, no es al elector.
El voto ausente –abstención–, significa que la persona cede su espacio a los demás para que decidan por ella. Triste. Y tal vez no se pueda entender bien el argumento para obrar así; excepto, claro está, si está postrada en cama, o vive a cientos de kilómetros del puesto electoral.
Hay mayor vigor en aquel que sacude su molicie para ir hasta la urna, pero no le alcanza para ejercer su derecho y prefiere depositar el voto blanco. Quedó exhausto con el esfuerzo, y el resultado fue virginal. En algunos países los votos blancos se suman a los del ganador, pero no es el caso de Chile.
Contrario al caso anterior, está aquel que sale de su casa a grandes trancos, llega a la urna y "pone la cruz" donde no debe, pone "más de una cruz", o "tacha la cruz" que acaba de pintar –quizás con ira– y deja un manchón, o llanamente escribe, "concha de tu madre", y se va, con el cadáver de un voto nulo en su corazón, pero una sonrisa dibujada en su rostro, que no se sabe si plácida, o tonta.
Al final, el ausente –triste destino–, el blanco –sin pena ni gloria–, y el nulo –grangarabateadorserá– no cuentan para nada al momento del conteo para escoger la persona que va a ocupar el determinado cargo.
¡Ni siquiera hicieron estorbo!
Porque lo que la autoridad electoral hace con toda esa papelería es, para decirlo gráficamente, tirarla a la basura.
Unos dirán, que esas "son posiciones", y es verdad. Sin embargo, el propósito es la valoración de un derecho y no la admiración de una performance.
Esos mismos argumentos alambiqué en otras circunstancias, años atrás, diciendo que cualquiera de esas formas de asumir las votaciones generaba un "fenómeno político".
La respuesta es un contundente "Sí". Pero, ¿cuál es el fe-nó-me-no?
Con el pecho henchido se dirá que pudo deformarse el universo electoral, con lo cual se impacta –hacia arriba, o hacia abajo– el total de la votación, y, en consecuencia, se altera la proporción de cada uno de los candidatos, o de las colectividades políticas.
Sí. Y la pregunta adicional es muy simple: "¿Y?"
Cualquier argumento será como el traje de un mal modisto: aprieta o queda flotando. Esto, sin negar que la intención persuasiva puede parecer un épico grito de batalla, por ejemplo, algo así: "¡Voto nulo, la otra opción!"
¿Cuál? ¿Cuál opción? ¡Si no tomó ninguna!
La única opción válida, valiente, carente de sesgos y subterfugios, es apropiarse del derecho de voto, y ejercerlo cabalmente. Que de las manos del votante salga la escogencia de la persona que deba ocupar el cargo público para el cual se hacen las elecciones.
Es decir, votar en consciencia. Creo.

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28 noviembre 2005

VENGO DEL AVERNO

Vengo del averno, lugar inhóspito e indeseado a otros. Vengo en girones. Herido –quizás– en el calcañal. Vengo de un lugar gélido, donde el silencio tortura, donde una invisible frialdad todo lo rodea. Es, en realidad, un vacío que se instala dentro. Y allí hay ausencia de rumores, de lumbre, y nada puede señalarse porque pareciera que nada existe. Uno posa sus plantas en el espacio inmaterial de sus propios miedos.
Caí arrollado por una granizada de diminutas partículas que en haz pueden troncharlo todo como una meteórica lluvia viral de spams advenedizos que obran como un cuchillo de agua que taja en dos la mantequilla de tus carnes.
Fui lanzado ahí por mis díscolas intrepideces, por la inconsciencia que de raíz me arrebató la gracia y todo ocurrió en el instante en que el ojo parpadea en la infinitésima parte que es uno en el portentoso universo.
"La brizna que somos en las manos de Dios", definió Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios el quantum que discurre en la existencia total.
Caí a un lugar sin asideros. Al estrépito silente de mis propias palpitaciones saltando como un tic en las venas de mis sienes. Y vi cosas terribles cuya ubicación no supe distinguir. El dentro y el fuera se confunden en el averno.
Vi entonces campos minados de egoísmo, resolanas de pretensión, conchas de almejas cuyos labios de miel se abrían, mansos, dóciles en apariencia, corrosivos y hasta letales en realidad, tragándolo a uno por aquel rosáceo conducto membranoso del que parecía emanar gemidos placenteros y no lo eran: lamentos son, lloros del alma que confundían el entendimiento, rasgaban la sinrazón. Había allí labios e invisibles corrientes de dulce discurrir por nuestras fibras. Deliquios.
No obstante se descubría el fingimiento, postreramente. Podía ver que la aparente ricura tenía una conexión, invisible y remota, con la otredad. Y causaba daño. Hería. No tenían valor las declaraciones del torpe devenir. El efecto era como si todo hubiera resultado adrede, como si hubiese habido un propósito largamente acariciado y puesto en marcha con aquel condenable fin. No era así.
Había caído al averno envuelto en mis flacos deseos ardientes de espirales impalpables, espurio, lo noté. ¿Cuántas veces habremos de topar la testa circunspecta contra lo que se creen liviandades para comprender que el universo está dentro, y también se daña?
Flaqueza, nomás. Curiosidad desbordada. Inocuidad del acto que conduce al crimen. ¡Y no hay disculpas exculpatorias! Porque estamos atados al todo y un solo filamento causa en la otredad efecto.
Pero somos reiterativamente ciegos. Es como si la existencia no fuera un espacio de tiempo suficiente para entender eso elemental. Quizás nos corroen animosidades desmedidamente centradas en nuestro propio interés, sin cuidar el de los demás: el tácito de ella y los demás.
¡Es la yoidad! La misma condición inane que empujó desde mis espaldas al frío de mi interior, al vacío espacial donde la luz se extingue, donde ensordece el silencio, donde atraviesan nuestro corazón las miradas entristecidas y no queda más que el perdón a nuestras miserias.
¿Hasta setenta veces siete, si fuese el caso? Se aguarda que no, ciertamente. Sin embargo el lanzazo en mitad del pecho es igual de hiriente. Sea por ello mi resurrección en jirones, o ¿de qué otra manera podría volver del averno sino tatuado por largas heridas a la vista en la piel, rezumando vergüenza?
Del averno vengo. ¡Redivivo! ¡Sea para mejor! Ya sé lo que es: un lugar inhóspito e indeseado a otros.
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Para MQP, con amor

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